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La Universidad Gabriel René Moreno tiene nuevas autoridades y comienza otra etapa en medio de una crisis institucional, quizás una de las peores de su historia. Es tan profunda la problemática que es poco lo que la sociedad espera de su universidad pública, lo que es muy lamentable si se toma en cuenta que un centro de estudios de semejante magnitud debería nutrir de investigación y conocimiento al avance de este pujante departamento.

Las elecciones de autoridades vienen siendo caóticas y cuestionadas desde hace ya varias gestiones. No deja de sorprender e indignar que hubo campañas con más prebendalismo que ofertas serias de transformación. Se sacaron a la luz serios problemas académicos y administrativos. Por ejemplo, que hay decenas de docentes que no tienen contrato y que trabajan ad honorem a la espera de un ítem. No ha faltado quien denuncie que para acceder a un espacio remunerado vale más tener un aval que un buen currículum.

Estudiantes sacaron a la luz que, antes en clases presenciales y ahora con clases virtuales, muchos catedráticos dejan a ayudantes que cubran las horas y que hay otros que solo aparecieron para pedir el voto en los comicios universitarios.

Esta universidad tiene más de 100.000 estudiantes y un presupuesto anual de más de Bs 1.270 millones. Aún así, el nuevo rector Vicente Cuéllar dijo que la deuda histórica de la entidad es superior a los Bs 530 millones de bolivianos. Aún no se sabe el detalle, pero una vuelta por el campus basta para notar el deterioro que hay en su infraestructura, por lo que será fundamental que haya una rendición pública de cuentas.

Desde hace muchos años hay denuncias de acoso sexual a las estudiantes. Muchas ya ni denuncian porque son muy pocos los casos que han merecido una investigación. Esto debe terminarse cuanto antes y sancionarse a quienes utilizan la nota o la aprobación de una materia para extorsionar a jóvenes que a lo único que aspiran es a formarse profesionalmente y que se encuentran con una estructura machista insoportable.

A todos los defectos mencionados se suma ahora el vergonzoso manoseo partidario. La universidad pública en Bolivia ha sido cuna de los más importantes dirigentes políticos del país; antes con ideales democráticos, ahora sin líderes y con una conducta más prebendalista y entregada.    El rector saliente, Saul Rosas, cerró desastrosamente su gestión poniendo en evidencia la manipulación política. Cuando Jeanine Áñez era presidenta y estaba en el poder, junto con el Ilustre Consejo Universitario, aprobó que ella sea declarada Dr. Honoris Causa; ahora que el MAS está en el poder y la expresidenta está presa, aprobó una nueva resolución anulando la anterior, demostrando su afán de congraciarse con el mandante de turno.

Por su parte, tras conocerse los resultados electorales, el nuevo rector, Vicente Cuéllar, corrió a buscar al jefe del MAS, Evo Morales, para reunirse con él en un acto que mereció el rechazo dentro y fuera de la comunidad universitaria, al extremo de que tuvo que pedir disculpas por ello.

Es preciso tomar plena consciencia de que la Uagrm está en el departamento más poblado y más pujante del país y este merece una casa de estudios superiores que sea capaz de generar conocimiento, de fortalecer el avance cruceño. Las nuevas autoridades están ante un reto gigante y no les queda más que estar a la altura.

Ojalá que en esta nueva era, Vicente Cuéllar y Reinerio Vargas sean capaces de limpiar la universidad. Para ello será importante también indagar y sancionar las malas conductas, porque solo así se podrá dar señales claras de que es posible transformar el pésimo estado actual.

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