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Medalla de oro en Tokio, el gimnasta Artem Dolgopyat fue cubierto de gloria a su regreso el martes en Israel, pero también se encontró en el centro de un debate sobre su imposibilidad de casarse porque el Estado lo considera no judío.

Artem Dolgopyat, de 24 años, se convirtió en un héroe al ganar la final de ejercicios sobre suelo el domingo en los Juegos Olímpicos, ya que Israel sólo había ganado una medalla de oro en 2004 en windsurf.

"Usted hizo historia en azul y blanco", lo felicitó el primer ministro Naftali Bennett, haciendo referencia a los colores de la bandera israelí.

Pero los primeros momentos de euforia nacional dieron rápidamente paso a un debate ya que Artem, israelí nacido en Ucrania -de padre judío y madre no judía-, no puede casarse porque su país no lo considera judío.

En Israel es necesario tener una madre judía para ser considerado judío o haberse convertido al judaísmo.

Más de un millón de inmigrantes han llegado a Israel desde la antigua URSS, de los cuales unos 300.000 no son judíos según la tradición religiosa ortodoxa.

En un país en el que sólo se reconocen los matrimonios religiosos y de la misma confesión, es necesario convertirse o bien contraer matrimonio civil en el extranjero y hacer que se reconozca el acta matrimonial una vez de regreso al país.

"Los ciudadanos de Israel, cualquiera que sea su lugar de nacimiento, no deben sufrir un proceso largo y humillante (...) para tener derecho a casarse", criticó el domingo en Twitter el ministro de Turismo, Yoel Razvozov, antiguo judoka que representó a Israel en los Juegos Olímpicos de Atenas en 2004.

- Todo el mundo debe poder casarse como quiera -

La cuestión del matrimonio civil vuelve a menudo al centro de los debates en Israel, donde sólo un tribunal rabínico puede sellar un matrimonio entre judíos. 

Por su parte, Artem no desea convertirse en el estandarte de esta causa social. El martes, a su llegada al aeropuerto Ben Gurion de Tel Aviv -donde se le colocó una alfombra roja y se lo regó con champán-, declaró a la AFP que no quería expresarse sobre el tema, por considerar que era "personal".

Su novia, Maria Sakovitch, con quien vive desde hace tres años en Israel, afirmó que el matrimonio no era su prioridad. La salud de su compañero "es lo más importante", explicó la joven que lamentó no haber podido ir a Tokio para apoyarlo, debido a las restricciones relacionadas con el covid-19. 

"El Estado no le permite casarse", lamentó por su parte Angela Bilen, la madre del gimnasta en una entrevista en la radio israelí 103 FM. "Para ello debe ir al extranjero pero no puede porque debe practicar sin parar", destacó.

La jefa del Partido Laborista Merav Michaeli, también ministra en el heterogéneo gobierno de Naftali Bennett -compuesto por ministros de izquierda, centro y derecha-, afirmó que "llegó el momento de que todo el mundo pueda casarse como quiera".

Para Orly Erez Likhovski, abogada del Centro Israelí de Acción Religiosa, una oenegé que promueve el pluralismo religioso en Israel, las normas actuales para contraer matrimonio "constituyen una grave violación de los derechos de los israelíes".

Pero dada la composición del actual gobierno, con el partido de derecha radical Yamina del primer ministro -apoyado en el Parlamento por la formación islamista Raam-, es poco probable que la ley se modifique "en un futuro próximo", lamentó.

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