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Karen Tórrez Guzmán demostró desde muy niña talento para el baile. La nadadora número uno del país y que este viernes en la madrugada competió en los Juegos Olímpicos de Tokio (50 metros libres) pudo ser una gran bailarina profesional si por cosas del destino no se inclinaba pon la natación.

Cuenta su mamá, Roxana, que con su esposo, Carlos, determinaron que sus tres hijos (Leonardo, Irwin y Karen) estudien en el colegio Eduardo Laredo de Cochabamha tomando en cuenta que en este centro educativo incentivan el arte, especialmente el musical.

El objetivo era que tengan una formación integral, ya que en los espacios libres también participaban de actividades deportivas.

El caso es que la menor de los Tórrez Guzmán demostraba capacidad para todo lo que hacía. Fue la mimada de los hermanos, por lo tanto todos estaban pendientes de la surrapa, que aprendió a nadar a los cinco años y desde los seis formó parte del club Los Delfines.

“Desde muy chica le gustaba el baile clásico y el contemporáneo. En la etapa de la escuela y luego el colegio hacía las dos cosas. Bailaba y practicaba natación. Yo soñaba que sea bailarina, porque me fascina esta actividad, pero a mis tres hijos les dejamos que tomen la decisión que ellos vieron conveniente y nuestra misión fue apoyarlos”, dijo Roxana, quien con su esposo e hijos vivieron una experiencia similar a la que disfrutaron en las horas previas a los Juegos Olímpicos de Río 2016.

¿En qué momento Karen optó por la natación y dejó el baile? Luego de salir bachiller se inscribió en una universidad de la capital cochabambina para estudiar Medicina. A la par seguía entrenando natación y participando de torneos nacional en los que empezaba a destacar. Cuando estaba por el segundo semestre de la universidad le ofrecieron una beca de entrenamiento en Estados Unidos (Florida). No lo dudó, aceptó.

A partir de ese momento, cuenta su progenitora, antepuso la natación a toda otra actividad porque el estudio de una carrera universitaria se complicaba por las horas de ensayos.

“Quiso hacer las dos cosas. Cuando volvió de Estados Unidos retomó los estudios, pero decidió cambiarse a Fisioterapia, ya que considera que le podría aportar mucho a lo que ella hace en su deporte, pero lo cortó también luego de dos semestres porque tuvo que irse a España con otra beca, que le ayudó bastante para llegar en excelentes condiciones a  los Juegos Olímpicos de Brasil”, dijo Roxana.

Su estadía en España fue aprovechada por la sirena boliviana, ya que en la madre patria se dio tiempo para estudiar nutrición y sacar el título de entrenadora.

Después de Río 2016 sus compromisos se intensificaron, pues desde hace cinco años trabaja en el Club Hípico Los Sargentos de La Paz, donde hoy es directora y entrenadora del área de natación.

La campeona boliviana cumplió este jueves 29 años. A decir de su familia, afrontó el reto de Tokio 2020 quizás no con la misma preparación que hizo para Brasil 2016, pues el aislamiento por la pandemia y las normas sanitarias han impedido que entrene con la misma intensidad y condiciones que tuvo en España.

“Jamás paró de entrenar. Hizo de todo para estar en la plenitud de sus condiciones y por eso estamos seguro que hará un gran sacrificio para dejar a Bolivia en lo más alto”, dijo mamá Roxana.


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