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Los Juegos Olímpicos Tokio 2020 tuvo muchos hechos curiosos, llamativos, novedosos, anecdóticos y también cosas innovadoras. En los que respecta a la tecnología, ya está demostrado que es una aliada del deporte.

En la edición de las olimpiadas que se dieron por clausuradas este domingo, la tecnología no pasó desapercibida en el evento, al contrario, revolucionó Tokio 2020 ya que los organizadores apostaron por el desarrollo tecnológico.

A la velocidad del sonido

Un claro ejemplo es lo que pasó en las pruebas de atletismo, como los 100 metros planos, en la que las cosas se definen en 10 segundos o menos y los jueces necesitan de ayuda extra para ser lo más justos posibles con los atletas.

La empresa suiza, Omega, fue la que proporcionó los cronómetros diseñados especialmente para este tipo de competencias, ya que tienen una precisión milimétrica.

Dicha firma diseña los cronómetros para los Juegos Olímpicos desde 1935 y en esta edición puso a disposición dispositivos muy avanzados para medir cada centésimas con exactitud.

Un elemento tradicional es la pistola que da la largada. En Tokio 2020 la evolución tocó este aspecto, ya que antes tenía un pequeño pero significativo problema: el del sonido que es más lento que la luz.

Los atletas de los carriles más lejanos escuchaban la salida más tarde en comparación con el resto y eso significaba tiempo a favor y para otros en contra, a la hora de la largada.

Para solucionar este aspecto, en Tokio 2020 la pistola de salida fue electrónica y estuvieron conectadas a unos altavoces localizados detrás de cada corredor. Cuando el juez tiraba del gatillo, la señal viajaba a la velocidad de la luz y al mismo tiempo emitía un destello que autorizaba la largada.

Latidos del corazón

Los deportistas que practican tiro con arco deben aprender a controlar el ritmo cardiaco para tener mayor precisión. Es una habilidad que no puede pasar desapercibida cuando se compite a alto nivel.

El más mínimo movimiento o una exaltación en el ritmo de los latidos del corazón pueden evitar ganar una medalla olímpica y subir al podio, porque la flecha puede no dar en el blanco.

Es así que en Tokio 2020, por primera vez en unos Juegos Olímpicos fue posible conocer el ritmo cardiaco de los deportistas en tiempo real, ya que se colocó dispositivos biométricos en los atletas para medir su ritmo cardiaco y ofrecer información sobre el comportamiento del competidor, la presión y su capacidad para controlarse.

Además, los organizadores dispusieron cuatro cámaras a unos 12 metros de distancia de cada arquero con las que se miden los cambios en la coloración de la piel del rostro, la cual denota la contracción de vasos sanguíneos.

Se trata de tecnologías de medición vital y sin contacto, con la que se pretendió mejorar la experiencia de los espectadores desde sus monitores.

Tiempo real

La pandemia de Covid-19 dejó sin espectadores a esta edición de los Juegos, pero la tecnología estuvo presente y se  mantuvo firme como una de las grandes aliadas para los organizadores y los amantes del deporte.

En Tokio 2020 los competidores de las pruebas de atletismo portaron sensores de movimiento adaptados con etiquetas. Estos dispositivos interactuaron con una red de receptores que se instalaron en los escenarios donde se organizaron las competencias.

El resultado es que los espectadores obtuvieron información en tiempo real sobre la posición de cada competidor, sus velocidades, la aceleración, desaceleración y distancia.

En pruebas como los 100 metros de atletismo se conoció el dato de la máxima aceleración de los velocistas y la distancia precisa entre un corredor y otro en la prueba de 10,000 metros planos.

Precisión en la llegada

Uno de los momentos más emocionantes en las diferentes pruebas es la llegada de los deportistas a la línea de meta, las cuales fueron revolucionadas con la tecnología con dispositivos de células fotoeléctricas que emiten haces de luz.

Estos dispositivos permitieron detectar siluetas corporales con mayor precisión en comparación con las tecnologías disponibles hasta antes de los Juego Olímpicos. A estos aparatos se sumaron cámaras que jamás habían sido utilizadas en una competencia deportiva.

Se trata de la Scan’O’Vision Myria, la cual estuvo encargada del photofinish con una capacidad para grabar hasta 10.000 imágenes digitales por segundo y crear una fotografía final compuesta.

Esta tecnología permitió a los jueces determinar con precisión los tiempos de cada competidor y resolver sin dudas a los vencedores.

Todo ese apoyo de la tecnología otorgó muchas ventajas para los deportistas, sus entrenadores, jueces y público en general. Esta información relevante permitió mostrar exactamente cómo un atleta ha logrado su tiempo o resultado. Ideal para que el deportista y los entrenadores sepan dónde han ganado o perdido oportunidades.

También fue de beneficio para los jueces, pues tuvieron información a la mano para tomar buenas decisiones y los espectadores, que esta vez lo vieron desde casa, les permitió conocer mejor el deporte que estuvieron viendo.

Habrá que añadir que los comentaristas y analistas tuvieron más elementos para realizar su labor con el fin de informar de la mejor manera posible a su público.

Brilló por su ausencia

Una disciplina en la que la tecnología ha sido protagonista, pero por su ausencia es el ciclismo de ruta. A diferencia de otras competiciones, en Tokio 2020 los ciclistas no pudieron portar equipos de radiocomunicación con los que reciben información sobre la competencia.

Este elemento ausente provocó que, en la prueba de ruta, la ciclista de Países Bajos, Annemiek Van Vleuten, confundiera su posición y pensara que al cruzar la meta había alcanzado el oro.

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