La prolongada crisis provocada por más de 50 días de bloqueos de carreteras continúa cobrando factura. La viceministra de Gastronomía, Sumaya Prado, informó que más de 100.000 empleos se perdieron en unidades gastronómicas de La Paz, Oruro, Potosí, Chuquisaca y Cochabamba, como consecuencia de la paralización de las rutas y la interrupción del abastecimiento de alimentos e insumos.
"Más de 100.000 fuentes de empleo se han perdido por unidades productivas gastronómicas que se han cerrado en los cinco departamentos más afectados", afirmó la autoridad, en declaraciones a la agencia ABI.
La crisis obligó a numerosos restaurantes, pensiones, cafeterías y pequeños emprendimientos familiares a reducir personal o cerrar definitivamente, luego de varias semanas sin poder recibir productos, atender con normalidad o generar ingresos suficientes para cubrir alquileres, salarios y otros costos operativos.
Prado reconoció que, pese al levantamiento de los bloqueos tras la declaratoria del estado de excepción, el sector aún no logra recuperarse.
"Tenemos que seguir trabajando, la gastronomía sigue en emergencia (...), si bien ya tiene insumos, el golpe no ha pasado, pero estamos trabajando hombro a hombro, codo a codo con ellos", sostuvo.
La autoridad explicó que el Gobierno mantiene reuniones semanales con representantes del sector gastronómico para identificar necesidades y coordinar medidas que permitan reactivar la actividad.
Una crisis que golpeó a toda la economía
Los bloqueos, que se prolongaron por más de 50 días entre mayo y junio, paralizaron gran parte del aparato productivo nacional. El cierre de carreteras provocó desabastecimiento de alimentos, medicamentos y combustibles, además de afectar el transporte de carga, el comercio interno y las exportaciones.
La industria, el transporte pesado, los productores agropecuarios, el turismo y el comercio formal reportaron pérdidas millonarias debido a la imposibilidad de movilizar mercancías, cumplir contratos y abastecer los mercados.
Miles de camiones permanecieron varados durante semanas, mientras productores denunciaron la pérdida de cosechas y alimentos perecederos por la imposibilidad de trasladarlos a los centros de consumo.
El sector gastronómico terminó siendo uno de los más vulnerables porque depende del abastecimiento diario de productos frescos y del flujo constante de clientes. La escasez de insumos, el incremento de costos y la caída de las ventas dejaron a cientos de negocios sin capacidad para sostener sus operaciones.
Aunque las carreteras ya fueron despejadas, los efectos económicos persisten. Muchos establecimientos continúan enfrentando deudas por alquileres, obligaciones laborales y créditos adquiridos durante la crisis, mientras el proceso de recuperación avanza lentamente en un contexto de desaceleración económica que afecta al consumo y la inversión.