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Por: Chino Tapia

A alguien se le ocurrió y quedó para siempre. El grito de aliento que se convirtió en una frase burlesca, perdurando por décadas en el básquetbol cruceño, y que se retumbó en otros ámbitos deportivos para gozar al que estaba perdiendo.

“…al empate Saetas”, ¿quién no la escuchó alguna vez? La palabra de aliento que se convirtió en frase hiriente se acuñó en el básquet local en los años 60.

Saetas Finot era uno de los equipos que animaba el campeonato oficial de la asociación cruceña. Integrado por alumnas del colegio Enrique Finot, le costaba conseguir victorias dada la juventud e inexperiencia de su plantel.

El equipo surge a inicios de los 60 por iniciativa de quienes luego serían personalidades del deporte regional, Delfín Ledesma y el Dr. Luis “Pivico” Oyola.

Ingresó a la Primera de Honor de la Asociación, que tenía equipos bien conformados. A Saetas Finot le costaba ganar, iba de derrota en derrota, con marcadores en contra muy elevados. “Eran verdaderas tundas”, recuerda el periodista Félix Chimba, que por entonces hacía cobertura a los deportes aficionados.

En ese contexto, no era extraordinario ver marcadores de 30 a 5, o 50 a 8. En una noche de aquellas en las que la diferencia era muy marcada, a alguien del público que estaba presenciando el partido en el coliseo se le ocurrió arengar: “…al empate Saetas”, provocando la risa de los concurrentes.

Pero tal ocurrencia no se quedaría en esa memorable jornada, sino que perduró en los sucesivos partidos de las “chicas del Finot”. Pese a ello, las señoritas persistían en el intento, con un encomiable pundonor deportivo al que se hacía referencia en la época.

Prueba de lo anterior, en una visita realizada a Cochabamba, en 1969, cayó derrotado en un par de amistosos, y el diario Los Tiempos reflejó así su actuación: “El plantel femenino de básquetbol del club Saetas Finot juega dos partidos amistosos en Cochabamba y defrauda a la afición por su bajo nivel técnico perdiendo frente a Cobija y Colonia, con este último por 49-20”.

Saetas se convirtió en un equipo muy popular, y la voz de apoyo también. Fue tal la repercusión del grito de aliento transformada en arenga y que algunos la usaban como burla, que trascendió las fronteras del básquet. Con el tiempo se la empezó a escuchar en todo escenario deportivo. No era necesario que estén en cancha las chicas de Saetas Finot.

Pero no hay mal que dure cien años. Después de casi dos décadas de decepciones, llegó el tiempo de revancha.

El equipo débil comenzó a cambiar radicalmente a inicio de la década de los ‘80 cuando toma el control del club Luciano Añez, un hombre apasionado del básquet que ayudó a cambiar la historia. Decidió aprovechar el tradicional nombre, como un homenaje a las protagonistas de antaño, para armar un gran equipo.

“El equipo de las modelos”. El profesor Carlos Morales (+), quien fuera destacado jugador de Nonis, armó un buen equipo que no respondía a sus exigencias porque, dicen, varias de sus jugadoras se dedicaban al modelaje, y en los partidos cuidaban demasiado el físico.

A partir de ahí hubo un cambio. Llegaron importantes refuerzos, entre ellas, Victoria Balcázar, Vania Claros y Selene Sosa; Telma Saavedra y Evelin Tacusi (ambas de Cochabamba); y otras de las provincias.

Dirigido por Mario Vásquez (+), los resultados empezaron a llegar. En 1983, Saetas Finot fue campeón del torneo Apertura y del Oficial, superando a los favoritos Always Ready, Blooming, Universidad y CAR Junior.

Victoria Balcázar no tiene dudas al denominar a esa época como “los años dorados del básquet” femenino.

Eran tiempos en que los jugadores de básquet podían dedicarse a este deporte porque eran bien remunerados, incluso se pagaba por los pases. “En el año 1983 Saetas compró mi pase a Always Ready en 1.000 dólares, que por entonces era una buena plata, y yo ganaba casi 200 dólares mensuales, que me daba para vivir y pagar mis estudios”, recuerda con mucha gratitud.

Final feliz para una historia que había empezado de otra manera. Lo curioso es que al famoso Saetas no se lo recuerda por sus éxitos, sino por sus derrotas, esas que provocaron el nacimiento de la arenga más popular del deporte cruceño.

Saetas Finot desapareció, como otros equipos tradicionales, pero la frase quedó para siempre: “…al empate Saetas”.


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