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Como en Gambito de Dama o En Busca de Bobby Fischer, las series de Netflix que cuentan la historias de prodigios del ajedrez, en ambos casos en Estados Unidos. La primera una ficción y la otra una película basada en el libro que cuenta la vida de Josh Waitzkin.

Bolivia tiene su propia versión, una historia que está en pleno desarrollo, la vida de Nicole Mollo, la niña boliviana, nacida en Yacuiba, que sorprende con su talento para el ‘deporte ciencia’, a los 9 años, considerada una de las mejores del mundo en esa edad.

Su relación con las piezas de este juego empezó a los 3 años, hoy asiste a torneos internacional. Fue campeona en el XXX festival Panamericano de la Juventud 2019, en Ecuador, categoría sub-8; representó a América en el Mundial de Ajedrez, en Weifang, China; ocupó el puesto 14°. Subcampeona en el X Panamericano Escolar de las Américas 2019 en la categoría sub-9 en Medellín, Colombia; ganadora del XVI Festival Sudamericano de la Juventud 2019 en Argentina. Compitió este año en las Olimpiadas Mundiales de Ajedrez Online FIDE, e integró la selección nacional de la categoría mayores.

Su fama trasciende fronteras, prueba de ello es esta entrevista que le realizó el diario Página 12 de Buenos Aires.

“¿Qué querés ser de grande, mamita?”le preguntan a Nicole Mollo, la pequeña gran pensadora boliviana que alegró a su país en estos últimos días del año metiéndose en las etapas finales del Mundial Online de Ajedrez Infanto-Juvenil. Y es que Nicole, la única latinoamericana que clasificó entre las mejores ajedrecistas del mundo menores de diez años, tiene solo nueve y la voz finita.

Pero Nicole no responde con la idea fija en un tablero sino con el desparpajo de su niñez, y le dice a su abuela, la que le regaló su primer juego de ajedrez cuando cumplió tres años, que ella quiere ser la científica que encuentre la cura para el covid-19.

¿Qué me gusta del ajedrez?

Me encantan las piezas: cómo se mueven, cómo son sus formas”, le dice a Página/12 la pequeña Nicole desde Yacuiba, Bolivia, “A cinco minutos de Argentina”, dirá su papá Osmar, en referencia al paso fronterizo que une la localidad boliviana con la salteña Salvador Mazza.

Jhoan -maestro e instructor FIDE de sólo 17 años- es uno de los tíos y entrenadores de Nicole y, además, el responsable de haber puesto el ajedrez en el centro de la escena familiar. La sobrina le debe al tío esa pasión: de chiquita, acompañaba a su papá, hermano mayor de Jhoan, a los torneos nacionales en Santa Cruz de la Sierra.

No faltó mucho para que las piezas se metieran enseguida en el corazón y en la mente de la niña. Tanto su papá como su mamá Ruth se quedaban afuera de esos diálogos que su única hija tenía con las figuritas que cobraban vida ante sus ojos. (…)

La materialidad dejó de ser esencial para la niña poco después, cuando su tío le recomendó que empezara a usar su memoria para guardar jugadas y movimientos. En la pared de su cuarto, en el techo, se desplegaba su imaginación perfecta con tableros donde, de la noche a la mañana, analizaba sus actuaciones y, sobre todo, sus errores en alguna partida fallida. “Anoche vi dónde me equivoqué”, solía decirle a su papá.

Persiguiendo su sueño de ser Gran Maestra a una edad temprana, Nicole encontró la combinación entre eso de vivir mágicamente el ajedrez como un juego y el plus del esfuerzo, para el Mundial llegó a entrenar hasta seis horas por día. Ese combo la llevó a meterse entre las 16 mejores jugadoras de su edad de todo el mundo, más allá de la derrota ante la rusa Diana Preobrazhenskaya, quien la dejó afuera en octavos de final.

Jhoan habla de su pupila como si no fuera su sobrina. (…) “Sus principales virtudes son su creatividad y su memorización”, dice sobre su discípula , dueña de 1141 puntos de Elo FIDE, el número que calcula su habilidad relativa en el juego.

(…) Ahora que terminó el Mundial, seguramente puedan volver a los días de Nicole las partidas más relajadas. Como esas que juega con su tío para definir quién se queda con la última porción de salchipapas, plato que cotiza a lo grande en el hogar de los Mollo.

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