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En el mundo del deporte competitivo, el talentoso necesita no solo el apoyo y motivación de la familia para dar grandes pasos. Es esencial contar con gente profesional que le ayude a abrir caminos y lo oriente en el momento preciso.

Es lo que ha ocurrido con Marco Bulacia, piloto boliviano que en noviembre se consagró campeón de la temporada italiana de Rally Terra y el fin de semana pasado, subcampeón mundial del calendario internacional de Rally, categoría WCR3.

Bulacia ha quemado etapas importantes en su carrera. Corre desde niño y gracias al incentivo de su padre, destacado piloto nacional. A los 15 años ya se decía en el país que era un piloto de gran proyección porque daba pelea a los consagrados.

En ese proceso conoció al expiloto italiano Paolo Piras, de 46 años e ingeniero mecánico de profesión y que se ha convertido como su segundo padre; palabras textuales del mismo Bulacia.

“A Paolo lo conocí en 2017 cuando hice mis primeras carreras en Italia. Desde ahí ha sido nuestro ingeniero y aparte nuestro gran amigo. Se puede decir que es como mi segundo padre, porque está siempre pendiente y ayudándome constantemente. En Italia, él ha conseguido que yo corra; siempre que hay test me invita para que aprenda un poco más. Precisamente ahora también nos está ayudando con las negociaciones para el próximo año”, declaró el joven piloto nacional, de 20 años y que radica en Valencia donde estudia Ingeniería Mecánica.

Y eso pasa en la relación Bulacia-Piras. El italiano no lo suelta para nada en cada carrera que el piloto cruceño participa. Es su sombra, su consejero, su orientador y hasta su mecánico.

Cuenta Piras que conoció a Marco por amigos en común. “En el año 2017  trabajaba mucho en Paraguay y a través de amigos en común me contactaron de Bolivia. Me dijeron que había un jovencito muy talentoso que quería correr en Italia, para ganar experiencia y después continuar en el mundial”, dijo.

Cuando lo conoció, Piras dice que se sorprendió. Bulacia era prácticamente un niño y jamás había trabajado con un piloto tan joven. Fue justamente un día antes de una competencia.

“Era un niño y la noche anterior a la prueba me preguntaba qué cosa lograría hacer. Era la primera vez que trabajaba con un piloto así tan joven. No hablaba, solo escuchaba. Ya en la carrera, después de los primeros cinco kilómetros me di cuenta que sería un campeón.  Corrimos 4 carreras en el 2017 y él mostraba mejoría. Además, empezó a hablar después de la tercera carrera (risas)”, dijo el europeo.

Lograr la madurez de Bulacia en competencias internacionales no ha sido fácil, señala Piras, ya que las primeras carreras generaron dudas y complicaciones que obligaron a tomar decisiones drásticas.

Eso pasó en 2018 con el mundial de México y de Argentina. En la primera, Bulacia no contaba con un buen auto y en la segunda sufrió un grave accidente.

“Me acuerdo bien todo lo que decían ingenieros de otros equipos. Que Marquito llega hasta ahí nomás y que no tenía futuro. Me molesté y consideré que eran muy estúpidos al pensar así. Entre tanto, Marquito seguía siendo el de siempre. La conclusión fue que éramos nosotros los que estábamos trabajando mal. Estábamos trabajando con demasiada expectativa y con ganas de quemar etapas de manera muy rápida sin poner el piloto en el centro”.

Esa reflexión, según Piras, provocó un cambio de mentalidad y la manera de trabajar. Se involucró también más el papá del joven piloto. El objetivo fue exigirle más trabajo y preparar mejor la máquina.

“Creo que el cambio empezó ahí. Marquito se dio cuenta de cómo era el trabajo y que él tenía que trabajar. En la primera carrera del 2019 en México casi ganamos y eso lo motivó, le dio más ganas de exigirse más. De ahí para adelante fue sólo crecer y madurar. Trabajo, trabajo y trabajo. Alimentación, trabajo físico, trabajo mental y trabajo de hoja. Este año le tocó viajar todo el tiempo sin la familia y eso estoy seguro que fue un gran esfuerzo, pero también lo hizo madurar más”.

¿Qué pasará con Bulacia el 2021? Le consultamos al italiano. “Ahora Marquito está más maduro, más piloto y el objetivo es que lo contrate un equipo, una fábrica para correr y se tendrá que ir  formando solo. Ya no podemos acompañarlo yo ni su padre. Es un profesional, pero estoy seguro que donde sea y con el equipo que le toque, le irá muy bien porque se darán cuenta que es un verdadero profesional, muy inteligente y con mucho talento. Eso es lo bueno y ojalá que donde se vaya le permitan hacer kilómetros, que eso fue lo único que le faltó en estos años, que es el entrenamiento de un piloto de rally. Es como el futbolista que va todos los días a entrenar”, resumió.

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