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Paula Pareto es una médica traumatóloga argentina, pequeña de estatura, con una vida simple y ordenada pero que se convertirá en una gigante temible para cualquier rival cuando salte al tatami del judo en los Juegos Olímpicos de Tokio-2021.

A los 35 años y con 1,48 metros de estatura, la 'Peque', como la apodan, se perfila para su cuarta epopeya olímpica con una meta: "La idea es defender el oro", ganado en los Juegos de Río de Janeiro-2016.

"En Rio estaba muy bien entrenada. Hoy estamos intentando mejorar de a poco. No estoy al mismo nivel, si bien en los entrenamientos hogareños he mejorado", afirma.

Varias veces campeona panamericana, su primera subida al podio fue en los Juegos de Pekín-2008. Ganó el bronce. En los Juegos de Londres-2012 fue diplomada por lograr un quinto puesto.

Conquistó el campeonato mundial en 2015 en la ciudad de Astaná, Kazajistán. Superó a la japonesa Haruna Asani, en la categoría hasta 48 kg.

- Emociones y baldazos -

La consagración fue en Rio-2016. Se convirtió en la primera mujer argentina en ser campeona olímpica. Derrotó a la surcoreana Jeong Bo-Kyeong.

La experiencia de Río fue inolvidable. "Lo lindo es que cada vez que pasan estas imágenes, me vuelvo a emocionar", asegura.

Pero el camino a Tokio está ensombrecido por la pandemia. Tuvo que reorganizar su preparación a duras penas desde que se suspendieron los Juegos en 2020.

"Fue un baldazo de agua fría", señala. Al menos le sirvió para recuperarse con más tiempo de una cirugía de columna.

Pero guardar el judogi (vestimenta) no está lejos. "Después de Tokio ya me retiro porque mi cuerpo no da más", admite.

"Yo no soy superdotada ni tengo superpoderes en el deporte. Soy una persona normal que lo intentó", sostiene.

El covid-19 también acecha en Japón tanto como una adversaria. "Estar en riesgo hoy no me asusta. No es una situación agradable para nadie tener que estar separados de nuestra familia y tener que tener tantos cuidados. Es lo que elegí", señala.

Pareto es inseparable de su familia. Su madre, Mirta, es médica, y el padre, Aldo, es abogado. Tiene un hermano menor, por cual empezó el judo, y una hermana mayor que influyó con sus consejos.

"¿Parejas? Y en algún momento hubo, pero todas las parejas que tuve siempre el problema fue que no tenía tiempo. Y es real, o sea yo lo acepto. Me llevo siempre bien con las personas con las que estuve pero ya saben cómo es mi vida", relata.

- Sin dolor -

Traumatóloga en un centro de salud en la periferia norte de Buenos Aires, no es mujer de bajar los brazos: "Siempre digo que hay que dar el 100% de cada uno".

No le ha sido fácil. Hacer la guardia médica de día y entrenarse de noche es un desafío. "Mis amigos me decían '¿por qué no te vas a tu casa a dormir?'. No, porque sentiría que no había rendido", pontifica.

Su fortaleza es una marca registrada. "En el judo no duele lo físico pero duele muchas veces lo mental. Somos muy duros los judocas, en cuanto a nuestro umbral de dolor, que está bastante elevado", sostiene.

Incluso se fracturó tres veces sin sentirlo. "Me di cuenta más tarde porque tal vez me hice una radiografía o me hice algún estudio por otra cosa", afirma.

No hay que confundirse al verla pequeñita. En el combate se agiganta.

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