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Rumania
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Tras la revolución de diciembre se comenzó a conocer el oscuro mundo del gobierno de Ceausescu.

Intentaron huir de la capital en helicóptero pero les esperaba la muerte.

El paracaidista Ionel Boeru lo sabía, le habían encargado una misión "secreta" que terminaría con el fusilamiento de ellos, los que intentaban escapar: el líder comunista de Rumania Nicolae Ceausescu y su esposa, Elena.

Fue el día de Navidad, el 25 de diciembre de 1989, tras días de violentas protestas contra un régimen que acumulaba más de dos décadas en el poder.

La pareja Ceausescu abandonó la capital, Bucarest, el 22 de diciembre pero fue capturada más tarde y retenida en una base militar a 80 kilómetros.

Ese fue el principio de su fin.

"El general Stanculescu nos dijo que ellos estaban ahí y que se les haría un juicio y se les ejecutaría", recordó Boeru en un documental de la BBC publicado este mes de diciembre, que hace un repaso a la revolución ocurrida hace 30 años.

"Sabíamos antes del juicio que tendríamos que ejecutarlos".

La muerte de Ceausescu, líder del Partido Comunista durante 24 años y presidente de Rumania por 21, marcó el fin de una era para el bloque soviético y el final de un régimen de miedo en el país, el que lideró con el respaldo de una brutal policía secreta, la Securitate.

Elena Ceausescu y su esposo, el líder comunista Nicolae Ceausescu, horas antes de ser fusilados el 25 de diciembre de 1989.
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Elena Ceausescu y su esposo, el líder comunista Nicolae Ceausescu, horas antes de ser fusilados el 25 de diciembre de 1989.

De todas las revoluciones que hicieron erupción en Europa Oriental hace 30 años, el derrocamiento de Ceausescu y su esposa fue el más sangriento.

Pero, ¿cómo comenzó la revolución que llevaría a su muerte?

Como piezas de "dominó"

En noviembre de 1989, el muro de Berlín cayó y los regímenes comunistas del antiguo bloque oriental colapsaron como un dominó.

Nicolae Ceaucescu, quien asumió el poder en 1965 e impuso un régimen crecientemente represivo y de culto a la personalidad, era conocido entonces por ser la excepción en la crisis del bloque soviético.

Pero el 16 de diciembre la situación dio un vuelco, cinco semanas después de la caída de la Cortina de Hierro.

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Las protestas de pocos días llevaron a un súbito final del régimen.

Una pequeña protesta a partir del arresto de un pastor húngaro crítico con el gobierno rápidamente se tornó en una revuelta masiva contra el sistema, impulsada por décadas de escasez de productos y recorte de libertades.

El líder religioso en cuestión, Laszlo Tokes, se resistió a abandonar el templo cuando la policía secreta llegó a detenerlo. Y cientos de feligreses se congregaron para impedir el operativo.

"El sistema se volvía cada vez más y más cruel. La vida económica en Rumania era un desastre, había mucha miseria y pobreza", recordó Tokes en declaraciones a la BBC.

"Recuerdo que la gente empezó a entonar canciones patrióticas para protestar contra el régimen: 'libertad, libertad. Abajo Ceausescu'".

Mientras el número de manifestantes aumentaba, el régimen duplicó sus esfuerzos y ordenó a las fuerzas de seguridad, incluido el Ejército, abrir fuego.

En la ciudad de Timisoara (en el oeste del país), donde comenzó la rebelión, 78 personas murieron a tiros.

Sorin Oprea, en ese entonces obrero de una fábrica, fue uno de los primeros en salir a la calle.

"No podía creer que me apuntaran con sus armas y que empezaran a disparar. Dos de mis amigos murieron y a mí me dispararon en la pierna pero pude escapar", le dijo a la BBC.

Una idea "desastrosa"

Las noticias de la rebelión y masacre en Timisoara llegaron rápidamente a Bucarest, donde miles de personas tomaron las calles para agolparse en la que posteriormente sería bautizada como Plaza de la Revolución.

Ceausescu quiso restablecer su autoridad y convocó una movilización a su favor el 21 de diciembre en el ágora, pero la idea resultó desastrosa.

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Más de 1.000 personas murieron durante los nueve días que duraron las protestas.

El líder fue interrumpido por abucheos y gritos, lo que provocó que la transmisión en directo del evento fuese cortada abruptamente.

Ceausescu tuvo que retirarse del balcón del Comité Central del Partido Comunista Rumano (PCR), desde donde se dirigía a las masas, tras pedir en vano silencio con gesto incrédulo.

"Cuando la gente empezó a abuchearlo, él no podía entender qué estaba pasando... no estaba acostumbrado a ese tipo de comportamiento", recuerda Dragos Petruscu, historiador de la Universidad de Bucarest.

"Por primera vez la gente estaba expresando lo que realmente sentía por él. Y él quedó totalmente confundido", explica.

Las fuerzas de seguridad abrieron fuego entonces, y vehículos armados se dirigieron hacia la multitud, provocando numerosas muertes, mientras se seguían levantando barricadas por todo Bucarest.

Ante la irrupción de manifestantes en el edificio, Nicolae y Elena Ceausescu huyeron del Comité Central en helicóptero el 22 de diciembre en medio del júbilo general.

Una parte del Ejército y de la policía secreta se mantenían leales a su gobierno. Pero el destino de Ceaucescu quedó sellado cuando generales de alto rango y figuras importantes del Partido Comunista se tornaron en su contra.

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De todas las revoluciones que hicieron erupción en Europa Oriental hace 30 años, el derrocamiento de Ceausescu y su esposa fue el más sangriento.

Uno de ellos fue el general Viorel Oancea.

Consciente de las órdenes del Ejército contra los manifestantes y oponiéndose a ellas, se dirigió a las multitudes vestido con su uniforme militar.

"Caminé entre la gente hacia el balcón, estaban silbando pero tenían miedo porque no sabía qué representaba yo. Conocí a los líderes de la revolución y me preguntaron cuál era mi posición. Les mostré un pedazo de papel donde escribí mi discurso. Al final decía: 'Abajo Ceausescu'", describió.

Una "misión secreta"

La huida de Ceausescu no duró mucho: él y su mujer fueron forzados a detener su helicóptero y enviados a una base militar a 80 kilómetros de la capital.

Allí se enfrentaron a un juicio marcial sumario bajo las acusaciones de ordenar la muerte de 60.000 personas y del contrabando de grandes sumas de dinero fuera del país.

Es en ese proceso en el que el paracaidista Ionel Boeru acabó teniendo un papel central en un operativo "secreto": a él, según contó a la BBC, le dijeron antes del juicio que sería parte del escuadrón de la muerte que dispararía a Ceausescu y su esposa.

"El general Stanculescu nos indicó cómo les ejecutaríamos, cuántas balas dispararíamos, desde qué posición y distancia. Nos dijo que disparáramos de la cintura para arriba", detalló Boeru a la BBC.

El juicio duró poco menos de dos horas y la deliberación para su sentencia, unos pocos minutos.

El fusilamiento no fue transmitido en directo, pero días después las fuertes imágenes fueron difundidas en la televisión rumana y alrededor del mundo.

Nicolae Ceausescu y su esposa, Elena.
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Líder del Partido Comunista durante 24 años y presidente de Rumania por 21, Ceausescu mantuvo un régimen de miedo, al suprimir a la oposición con el respaldo de una brutal policía secreta, la Securitate.

Boeru, que 30 años después de participar en la ejecución es conocido en Rumania como "el hombre que mató a Ceaucescu", recuerda lo que vivió justo después de las muertes.

"Tenía miedo de que me dispararan a mí. Tras volver a la base, noté que todos estaban contentos. Estaban muy contentos porque me dieron una botella de coñac que me tomé y que me hizo quedarme dormido", le dijo a la BBC.

"Los rumanos tenemos un dicho: es mejor que tu madre llore a que mi madre llore".

Cambio de gobierno

El día de Navidad de 1989 el mundo celebró el fin del régimen de Ceausescu, pero el saldo fue terrible: al menos 800 personas murieron solo en los tres días previos al fusilamiento del líder y la cifra total se estima en más de 1.000.

El poder pasó entonces a manos del Frente de Salvación Nacional, un partido conformado por antiguos comunistas y encabezado por Ion Iliescu, quien había sido ministro en el gobierno de Ceausescu..

Iliescu y sus aliados se mantuvieron en el poder hasta 1996 y su gobierno y los que vinieron después bloquearon los intentos de investigar y procesar a los responsables de las matanzas de 1989.

Sin embargo, este mes el Tribunal de Bucarest inició un macroproceso en el que liescu, otro miembro de su grupo dirigente y un exgeneral encabezan una lista de acusados de crímenes de lesa humanidad, por su rol en la represión a la revuelta hace 30 años.

Iliescu rechaza las acusaciones.

Mientras, numerosas víctimas de uno de los momentos más trágicos y desconcertantes de la historia rumana siguen reclamando justicia tres décadas después.


*Este texto fue elaborado a partir del documental de radio "La Revolución de Rumania 30 años después" de la periodista de la BBC Tessa Dunlop, transmitido el 18 de diciembre de 2019.


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