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Las hileras de casas nuevas y las mezquitas con minaretes resplandecientes transfiguraron Meulaboh, una ciudad de la provincia indonesia de Aceh devastada por el tsunami de 2004.

Diez años después, el ambiente tranquilo contrasta con el caos que reinaba en esta región situada en el extremo norte de la isla de Sumatra, la más cercana al epicentro del terremoto que causó olas de más de 35 metros de alto.

Cuando el tsunami golpeó Meulaboh el 26 de diciembre de 2004, miles de habitantes murieron, las casas fueron engullidas y los árboles arrancados de raíz. Sólo unas cuantas mezquitas resistieron el embate en esta provincia islámica de Indonesia, archipiélago del sudeste de Asia y país con más musulmanes del mundo.

Con las carreteras destrozadas y los medios de comunicados inutilizables, la ciudad pasó semanas prácticamente aislada. La población luchaba desesperadamente por su supervivencia en medio de montañas de ruinas, pendiente de la ayuda transportada por avión o barco.

"El tsunami destruyó todo lo importante, nuestras casas, nuestras familias", recuerda Saleha, de 50 años.

"Pero no acabó con nosotros. Nos movilizamos y dejamos que Dios hiciera el resto", cuenta a la AFP.