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Desde las pirámides monumentales a los juegos de balón, los olmecas estuvieron detrás de grandes invenciones en Mesoamérica atribuidas a culturas más celebradas como la azteca, según una muestra en París, que expone además su precocidad en la representación del poder.

Con unas 300 obras, expuestas en su mayoría por primera vez en Europa, el Museo del Quai Branly rinde homenaje a esta civilización descubierta tardíamente en la selva del golfo de México y de la que se sospecha que incluso sentó las bases de la escritura en la región.

A lo largo de los siglos, los olmecas quedaron en un segundo plano "por motivos históricos y románticos", explica a la AFP Steve Bourget, comisario de la muestra "Los olmecas y las culturas del golfo de México".

"México es un país que, como Perú y Bolivia, se formó con el relato de un pasado glorioso: todos ellos fueron a buscar una cultura ancestral importante para ponerla de relieve en el discurso político y social", agrega este responsable de las colecciones de las Américas del Quai Branly.

En el caso de México, fueron los aztecas, artífices de un imperio construido mediante la sumisión de otros pueblos. La historia de los olmecas (1.600-400 a. de C.), en cambio, se escribió discretamente, hasta que en los años 1940 los arqueólogos estadounidenses Matthew y Marion Stirling la pusieron al descubierto.

"Lo que hallaron en la jungla fue colosal, cosas nunca vistas", relata Bourget. Prueba de ello: la gigantesca cabeza de cuatro toneladas expuesta en la entrada del Museo. Pero "es la más pequeña" de las diez halladas en el sitio de San Lorenzo, en Veracruz, afirma sonriendo.

Se trata del rostro con casco de un dirigente con poder suficiente para que "centenares de hombres cargaran a cuestas con este mastodonte de basalto a lo largo de 60 km, desde la cantera".

- El hombre de Vitruvio, versión mesoamericana -

Pero no solo el monumentalismo representaba el poder. El "Señor de las Limas", una obra maestra de jade que encarna a un joven sentado con las piernas cruzadas sosteniendo un bebé-jaguar - uno de los dioses olmecas -, viene a ser un "primer hombre de Vitruvio".

En los hombros y rodillas del joven aparecen cuatro dibujos: "Si se trazan dos diagonales entre ellos, se da con el ombligo, el centro", como hizo siglos más tarde el arquitecto romano Vitruvio y un milenio después, Leonardo da Vinci, cuyo célebre dibujo colocó al hombre en el centro del Universo.

Este cuadrado con una cruz y un centro caracteriza las esculturas de los dirigentes olmecas, la mayoría de las cuales presentan en la cabeza una hendidura en forma de V que representa el maíz, en agradecimiento a los dioses por haber creado su base alimentaria.

"Los olmecas tenían cánones culturales fascinantes, perfectamente construidos". Es el caso de la escultura, que "permitía transmitir historias y mitos", defiende en una nota Diego Prieto Hernández, director del Instituto Nacional de Arqueología e Historia de México, colaborador de la muestra junto al Museo Nacional de Arqueología del país latinoamericano.

Desarrollaron además el calendario de cuenta larga que retomaron los mayas, así como las pelotas de caucho y una forma de escritura que "no sabemos leer, pero que sirve claramente para comunicar más allá de las formas estructurales", según Bourget. 

Los aztecas también se inspiraron en el dios olmeca de la lluvia y la fertilidad para crear su Tlaloc. Y como muestra la exposición, las culturas vecinas, como la huasteca, se formaron igualmente a partir de su influencia, a la hora por ejemplo de esculpir y trabajar los símbolos.

- La mujer escarificada -

Otros tesoros expuestos son por ejemplo "El luchador", una escultura de basalto de un hombre en pleno movimiento de brazos, con los músculos salientes. "Solo pudo haber sido realizado por un 'Miguel Ángel' de la época", según el comisario.

Cierra la muestra una escultura tan genuina como misteriosa: "La mujer escarificada", que representa el cuerpo incompleto de una mujer con escarificaciones, hallado en el lecho de un río en San Luis de Potosí, donde fue colocado seguramente como ofrenda durante un ritual.

Lejos de ser exhaustiva, la muestra evidencia lo mucho que queda por descubrir sobre esta cultura. Pero, según el presidente del Quai Branly, Emmanuel Kasarhérou, no hay prisa, puesto que "hay imaginarios que alimentan el saber tanto como la ciencia".