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Bielorrusia puso en marcha este martes su primera central nuclear, diseñada y financiada por Rusia, con la oposición de su vecino Lituania y en un país marcado por la catástrofe de Chernóbil.  

"A las 12:03 el turbogenerador del primer reactor de la central nuclear se ha incorporado al sistema energético unificado del país", celebró el ministro de Energía de esta ex república soviética que hace frontera con la Unión Europea. 

Construida por la agencia nuclear rusa Rosatom, la central de Astravets cuenta con dos reactores de 1.200 megavatios cada uno, lo que debería cubrir un tercio de la demanda energética de Bielorrusia.

A principios de agosto, el presidente Alexander Lukashenko calificó este proyecto como un avance sustancial para la independencia energética del país. 

Bielorrusia sigue, sin embargo, bajo el trauma de la explosión en 1986 del reactor de la central de Chernóbil (actual Ucrania) que afectó a una cuarta parte de su territorio. 

La central bielorrusa, situada a 40 kilómetros de la capital de Lituania, Vilna, preocupa al país báltico, que afirma que no cumple con las normas de seguridad y que es una amenaza para su seguridad nacional.  

Las autoridades bielorrusas y el constructor ruso aseguran que la central responde a la normativa internacional posFukushima y a las recomendaciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (OEIA).

El proyecto, iniciado en 2013 y que estará complemente operativo en 2021, costó 11 mil millones de dólares, de los que el 90% provienen de un crédito ruso.  

La puesta en marcha de la central llega en un ambiente de protesta en las calles contra el presidente Alexander Lukashenko, cuya reelección el 9 de agosto es considerada fraudulenta por la oposición. 

Pero Lukashenko se ha negado a hacer concesiones significativas a los manifestantes.