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rfi.fr/AFP

A finales de marzo Brasil superó la marca de 300.000 muertos, en medio de una segunda ola que está presionando los hospitales de todo el país. Rio de Janeiro es uno de los estados más afectados, con 35.000 fallecidos. Allí las restricciones sanitarias se endurecen las próximas dos semanas: playas, comercios y restaurantes cerrados y toque de queda a partir de las 11 de la noche.

Pero en las favelas, marcadas por la pobreza y la violencia, estas restricciones son más difíciles de adoptar.

Si bien no existe un conteo preciso sobre la situación en las favelas, el dato más aproximado es del "Painel Unificador Covid-19 nas Favelas", lanzado por una red de movimientos sociales y coordinado por la organización Comunidades Catalisadoras (ComCat), que contabiliza hasta el momento 3.604 fallecidos y 34.000 casos confirmados.

Pero el portal, que combina los escasos datos públicos disponibles con información recabada por agentes y organizaciones en el terreno, no abarca todas las favelas de la ciudad.

Cerca del 20% de los 6,7 millones de habitantes de Rio viven en favelas, según datos oficiales.

“Si el gobierno dice que las personas tienen que quedarse en sus casas, pero sin las condiciones dadas para higienizar las casas, o tener alimentos para sus hijos”, dice a RFI Luna Arouca, miembro de la ONG “Redes da Maré”, por la defensa de los derechos en la favela de Maré, en Río de Janeiro. 

“Al comienzo de la pandemia se aconsejaba lavarse las manos, pero parte de las favelas no tienen agua. Nosotros tenemos un proyecto en el que estamos haciendo los tests en las personas sintomáticas, y estamos garantizando la atención médica en línea. También tenemos un programa de aislamiento social dentro de su casa, es decir que apoyamos a la persona con comida, con productos de limpieza. El 96% de las personas que participan dicen que, al final de programa, lograron quedarse 14 días en su casa. Los habitantes de las favelas sí conocen los protocolos y los pueden seguir. Lo que falta son condiciones adecuadas que el gobierno debería garantizar”.

Uno de los mayores problemas del confinamiento en las favelas es la educación a distancia. Sin computadora y sin internet, esa idea se vuelve una utopía.

“Muchas veces hay un solo celular en la casa, no hay computadoras.”, dice Arouca. “Los servicios de acceso a internet son muy malos. Si uno tiene una computadora que puede utilizar, a veces no logra tener la señal para conectarse o se cae todo el tiempo. Eso es muy grave, porque esos niños ya tenían su vida de estudiante atravesada por la violencia policial y por los conflictos de territorio [entre bandas criminales] entonces perdían tiempo de estudio. Ahora siguen con ese problema y peor aún, sin poder seguir las clases, entonces la educación de ese niño va a ser complicada y vamos a tener un desafío muy grande en términos educacionales en los próximos años”.

Río de Janeiro alcanzó ya un 90% de su capacidad en cuidados intensivos y Brasil sigue siendo el segundo país del mundo con más fallecidos por la pandemia.

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