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Por RFI, con información de la corresponsal de RFI en Brasil, Sarah Cozzolino, y AFP.

Con 300.000 víctimas del coronavirus y más de 2 000 muertes en estas últimas 24 horas, Brasil vive el peor momento de su crisis sanitaria. Un año después del inicio de la pandemia, el presidente Jair Bolsonaro creó un comité dedicado a la vigilancia del Covid-19.

El ministerio de Salud de Brasil notificó 2.009 decesos en las últimas 24 horas, con lo cual el balance se eleva a 300.685 fallecidos, superado solo por Estados Unidos. El total de infectados en trece meses de pandemia llega a 12,2 millones.

En este contexto, activistas de la ONG Río de Paz se manifestaron este miércoles frente al hospital Ronaldo Gazolla, un centro de salud de referencia en la lucha contra la epidemia.

Frente al hospital Ronaldo Gazolla, treinta camas están tiradas en el suelo. En las sábanas, una rosa, y en las manos de los manifestantes, se puede leer la palabra “vergüenza”, en varios idiomas.

Antônio Carlos Costa, presidente de la ONG Río de Paz que convoca la manifestación de este miércoles, arremete contra la política de Jair Bolsonaro: “Ninguna nación está tan mal dirigida como Brasil durante esta pandemia. El mundo mira a Brasil con temor, por el pésimo ejemplo que ha dado el Presidente de la República”.

A su lado, Márcio Do Nascimento lleva una camiseta con la foto de su hijo de 25 años, Ugo quien murió de coronavirus el año pasado en este hospital. “Es muy difícil porque aquí es donde vi a mi hijo por última vez. Estaba en una bolsa cuando tuve que identificarlo. No pude abrazarlo, no pude besarlo, no pude ponerle ropa”, recuerda, Márcio, llorando.

Taxista de profesión, Márcio trabaja como voluntario para ayudar a las comunidades más afectadas por el coronavirus.

Nuevas restricciones en Río de Janeiro

El aumento del número de casos de Covid-19 en Brasil parece no tener techo, con la vacunación que avanza a pasos lentos y las resistencias del presidente Jair Bolsonaro a imponer medidas de confinamiento social, alegando su impacto económico.

Las unidades de cuidados intensivos de la mayoría de los estados están al borde del colapso y en muchos se señala el riesgo de ruptura del abastecimiento de tubos de oxígeno.

Algunos estados, como Sao Paulo y Rio de Janeiro, decidieron adelantar feriados y crear otros a lo largo de toda la semana próxima para reducir la movilidad social que favorece la transmisión del virus.

En Río de Janeiro, sólo los comercios imprescindibles permanecerán abiertos durante los próximos diez días. El presidente Bolsonaro, sin embargo, denigró dichas medidas. “Es una dosis de remedio excesivo que se convierte en veneno”, declaró el mandatario.

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