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Debido a la pandemia de Covid-19, que ha repuntado en el mundo por la variante Ómicron, muchas familias católicas pasarán una Navidad diferente. Algunos lo harán alejados de sus seres queridos para prevenir los contagios, otros aislados porque han contraído el coronavirus. Este año, nuevamente, será una Navidad diferente debido al coronavirus.

Largas filas para realizarse una prueba PCR se mantenían más allá de la medianoche en diversos centros de salud en España. El Ministerio de Salud sugirió realizarse la prueba antes de las reuniones familiares de Navidad. Se trata, con esta medida, de frenar la propagación del Covid-19 ante unas festividades que se caracterizan por el encuentro constante.

En España, por ejemplo, desde el Gobierno se propuso una restricción de 10 personas, pertenecientes al núcleo familiar, como tope para las reuniones de Nochebuena. La disposición ha sido fuertemente criticada por la población, aún así, se ha optado por tener las máximas precauciones antes de sentarse a la mesa.

La expansión de la variante ómicron mantiene en alerta a gran parte del mundo. Ante el incremento descontrolado de nuevos casos, el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, pidió a las autoridades restringir los eventos tradicionales de fin de año.

Las repercusiones han sido inmediatas en Estados Unidos. La plaza de Time Square en Nueva York reducirá su capacitad en una cuarta parte. Además, para la noche del 31 de diciembre solo podrán ingresar personas con certificado de vacunación y uso de mascarilla.

La segunda ciudad estadounidense más grande, Los Ángeles, canceló la asistencia a la fiesta de Año Nuevo en Grand Park, aunque el evento podrá ser visto por internet, como ocurrió en 2020, mientras que los estados de California y Rhode Island reimpusieron tapabocas en interiores.

Las medidas asumidas en Canadá afectan al encuentro familiar. Quebec impuso un límite de seis personas o de dos burbujas familiares para reuniones en casas desde el 26 de diciembre, mientras que la Columbia Británica cerró bares, discotecas y gimnasios.

Una determinación similar se adoptó en Madrid. La Puerta del Sol, donde se aguarda las campanada que reciben el nuevo año, tendrá rigurosos controles de ingreso para permitir la presencia de un tercio de su capacidad.

Las medidas de control se extienden por todo el mundo. Israel ha reducido drásticamente el ingreso de turistas al país. Los lugares sagrados lucen vacíos en unas fechas tan especiales para el país que recibió al hijo de Dios.

Las limitaciones a los eventos de fin de año se extienden también por Latinoamérica. Brasil, uno de los países más golpeados por la pandemia, ha prohibido el ingreso de turistas no vacunados.

Río de Janeiro canceló su fiesta oficial donde participan millones de turistas para iniciar el nuevo año en sus playas. En total, 21 de las 27 capitales brasileñas no celebrarán fin de año para evitar contagios masivos de coronavirus.

El gobierno peruano amplió el toque de queda que regirá los días de las fiestas de fin de año (los viernes 24 y 31 de diciembre). La prohibición de tránsito inicia desde las 23 horas y no a la 1 del día siguiente, como estaba previsto originalmente.

Ecuador prohibió la celebración de fiestas en espacios públicos . También afecta a las procesiones religiosas por la Navidad y redujeron el aforo en iglesias. La medida que limita el acceso de personas también afecta a centros comerciales, restaurantes y playas. (Con datos de El País, de España)


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