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"Estoy buscando a mi hijo, esta es la segunda guerra a la que se enfrenta mi hijo", cuenta entre lágrimas uno de los supervivientes del ataque yihadista a la ciudad portuaria de Palma, en el norte de Mozambique. "Fue solicitado en su servicio, tal vez huyó del lugar en el que estaba", dice José Abebe, tratando de aferrarse a la esperanza de que su hijo no esté entre las decenas de muertos en esta región ahora bajo control del grupo extremista.

Abebe es uno de los miles de mozambiqueños que intentan huir de la región controlada por los yihadistas tras el ataque sorpresa del pasado miércoles 24 de marzo. Los extremistas atacaron esta ciudad de 75.000 habitantes en tres frentes simultáneos. "Dispararon por todas partes", dejando un rastro de cadáveres en las calles.

"Desde el miércoles no tengo contacto con mi familia, ni con mis hijos, ni con mi madre ni con mis hermanos", se desahoga Patricio Amade.

El Estado Islámico anunció el lunes (29) que controla Palma en un comunicado difundido por Telegram. El grupo dice haber atacado "cuarteles militares y la sede del gobierno (local)", y confirma que han causado "la muerte de decenas de soldados mozambiqueños y cristianos, y de algunos ciudadanos de otros países".

El ejército mozambiqueño habla de decenas de muertos, entre ellos algunos extranjeros. Pero las cifras reales de esta tragedia aún se desconocen.

Los informes de los refugiados hablan de una ciudad fantasma con cadáveres en el suelo y escenas de terror. "Mi esperanza es que vuelvan vivos a Pemba, especialmente mi tío, que vio cómo decapitaban a su mujer. No sé qué le pasó", dijo Arnaldo Julio a la agencia de noticias Lusa.

Desde el final de la semana, las ONG y los agentes de la ONU intentan ayudar a los refugiados que abandonan la zona por miles para refugiarse en los bosques y las playas cercanas, y ahora intentan llegar a Tanzania y a Pemba, la capital de la provincia de Cabo Delgado.

Un transbordador Sea Star llevó el sábado a unas 1.400 personas a la capital regional. Y siguen llegando a Pemba muchas canoas y embarcaciones tradicionales llenas, según una fuente que participa en las operaciones de evacuación.

Sin embargo, la ayuda no es suficiente para garantizar la evacuación segura de los supervivientes. "Atravesamos el monte y vimos gente capturada, gente que murió. Tenemos muchos niños [con nosotros] y necesitamos ayuda, del gobierno o de alguien para poder evacuar", pidió Denis Iloko, que salió de Palma.

Una planta de gas asediada

Desde el ataque inicial de los grupos armados en Palma el miércoles, miles de personas se han refugiado en el perímetro ultraprotegido de mil hectáreas de la planta de gas de la empresa francesa Total, situada en la península de Afungi.

Entre 6.000 y 10.000 personas están ahora refugiadas en el interior del complejo, o tratando de entrar, según una fuente involucrada en las operaciones de evacuación que habló con la agencia de noticias AFP.

La situación es complicada, sobre todo porque la planta de gas estaba en construcción y con las obras paralizadas desde hace varios meses. Desde agosto de 2020 controlan el estratégico puerto de Mocímboa da Praia, esencial para la llegada de los materiales necesarios para la planta de gas. A pesar de varios intentos, los militares mozambiqueños nunca lograron retomarla.

Intensificación de ataques islamistas
Los grupos armados, que llevan más de tres años aterrorizando esta región fronteriza con Tanzania, intensificaron sus ataques el año pasado.

"El atentado de Palma no puede verse como algo aislado", advierte el investigador mozambiqueño Salvador Forquilha. Para el especialista, este atentado "cambia algo sustancial en la forma en que la insurgencia ha ido evolucionando sobre el terreno y en la forma de ver el propio fenómeno".

Para el investigador del Instituto de Estudios Sociales y Económicos de Maputo, el fortalecimiento de los grupos yihadistas tiene una importante dimensión religiosa, pero también revelan una población joven indignada por la desigualdad del país.

"Hay informes procedentes de Palma que dicen que estaban gritando Allahu Akbar [Alá es el más grande]. No se puede minimizar esto. Hay una importante dimensión religiosa, hay un proceso de radicalización, especialmente en algunas regiones de Cabo Delgado - y también en Niassa y Nampula.

Por otra parte, es evidente que el auge de los recursos naturales desempeña un papel muy importante en el imaginario de la gente, sobre todo cuando se oye cada día que hay millones y miles de millones de dólares en juego. Todo esto juega un papel muy importante en la forma en que la gente imagina la situación, su propia condición de exclusión, de pobreza."

Según la ONU, en Mozambique hay más de 600.000 personas desplazadas de sus regiones de origen a causa de los grupos armados.

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