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Hasta la madrugada las delegaciones de paz del Gobierno colombiano y las Fuerzas Revolucionarias de Colombia (FARC) trabajaron en la redacción del comunicado conjunto que fue divulgado ayer en La Habana (Cuba) y que en más de 30 páginas contiene las bases del acuerdo de paz.

Durante tres años y cinco meses se tejió un complejo acuerdo que debería empezar a extinguir el último conflicto armado en América y que ha dejado miles de muertos.

La fallida lucha por el poder que iniciaron hace 52 años las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, una guerrilla de origen campesino y de orientación comunista, está tocando su fin gracias a un proceso de paz que empezó en noviembre de 2012 que acaba de lograr su acuerdo más importante.

Dicho compromiso consagra el alto al fuego definitivo y el desarme de la organización, lo que antecede la firma de la paz. Así, Gobierno y rebeldes han convenido cinco de los seis puntos que definieron para terminar con la guerra interna.

Queda por acordar el mecanismo de refrendación de lo pactado. Más allá del procedimiento (plebiscito o consulta popular), serán los colombianos quienes respaldarán o rechazarán en las urnas los compromisos de La Habana, según las partes.

Sin embargo, la firma y refrendación de la paz con las FARC no significará el fin automático del conflicto, porque todavía queda por pactar una solución con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la segunda guerrilla colombiana surgida también en 1964 bajo el influjo de la Revolución Cubana. Lo positivo es que ya se han iniciado conversaciones con ese grupo armado y se prevé que en unos meses más se establezca un acuerdo.

Simultáneamente, el Estado enfrenta a bandas del crimen organizado vinculadas con el narcotráfico que se formaron tras la desmovilización de miles de paramilitares de ultraderecha. El camino de la paz definitiva recién empieza a transitarse