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Cuando sale el sol sobre el Canal de la Mancha, un pequeño punto negro en el horizonte se transforma lentamente en una imagen cada vez más familiar: un bote sobrecargado de migrantes desesperados por llegar al Reino Unido aprovechando el buen tiempo.

Un dron de estilo militar lo sobrevuela en círculos y rápidamente aparece un buque de la guardia fronteriza británica para sacar a la docena de migrantes de la peligrosa embarcación inflable y llevarlos al puerto de Dover, en el sur de Inglaterra.

Este bote, entre cuyos ocupantes -todos con chalecos salvavidas- hay al menos una mujer y un niño, es solo uno de los muchos que intentaron cruzar en la madrugada de este martes, aprovechando la buena mar tras varios días de mal tiempo.

"Este año, todos los días de mar tranquila han sido un pandemonio", dice Matt Coker, capitán del "Portia", un barco de 11 metros de eslora fletado por la AFP para ver de cerca la situación en el Canal de la Mancha. 

Coker, de 40 años y perteneciente a una familia de marineros, lleva dos décadas navegando por la ruta marítima más transitada del mundo. 

"No solíamos ver a migrantes, hasta hace tres o cuatro años", afirma. "En los últimos años la cosa ha ido empeorando".

Coker es el primero en vislumbrar el hacinado bote, a unos ocho kilómetros de la costa, mientras la guardia fronteriza está ocupada interceptando otras dos embarcaciones.

Sigue entonces el procedimiento habitual: comunicar por radio la ubicación exacta y el número de personas a bordo. El grupo, aparentemente originarios de Oriente Medio, no responde a las preguntas sobre su procedencia, mientras esperan la llegada de las autoridades.

- "Estamos bien" - 

No pasa mucho tiempo antes de que Coker vea otro punto negro con sus binoculares. 

Cerca de la frontera marítima entre Inglaterra y Francia, aparece otra pequeña embarcación inflable con cinco hombres que dicen ser de Sudán.

Ninguno lleva chaleco salvavidas y no tienen agua potable a bordo. Explican haber intentado en varias ocasiones llegar a la costa británica y llevan ocho horas en el agua. 

"Lo intentamos tres veces, pero nunca tuvimos éxito", dice uno de ellos. "Estamos bien", añade, dando las gracias a Coker cuando les informa de que los guardacostas británicos han sido notificados y están en camino.

- "Inaceptable" - 

Casi 1.500 migrantes llegaron a Gran Bretaña en pequeñas embarcaciones en agosto, según un recuento de la agencia de noticias británica Press Association.

Los restos de estos peligrosos viajes son visibles en el puerto de Dover, donde docenas de botes usados se mecen en el agua abandonados.  

Las llegadas de este agosto baten los récords para un solo mes y suman casi tanto como las de junio y julio juntas. 

Como consecuencia, ha aumentado la tensión políticas entre Londres y París: el gobierno conservador británico urgió a Francia a frenar el flujo.

Este aumento de los cruces es "inaceptable", afirmó el martes un portavoz del primer ministro Boris Johnson.

"Francia es un país seguro con un sistema de asilo bien gestionado y existe un principio de larga data por el que las personas pueden y deben solicitar asilo en el primer país seguro al que entran", agregó.

- Las medidas no disuaden -

La marina británica recientemente desplegó personal y aviones en el Canal para combatir el cruce de migrantes.

Pero los numerosos cruces de este martes demuestran que estas medidas no disuaden a los traficantes.

Al menos 12 a 15 pequeños botes fueron interceptados en pocas horas, estima Coker en base a su reconocimiento y las transmisiones de radio de la guardia costera. 

"La gente que viene ahora quiere ser encontrada y procesada", afirma.

Y considera que las autoridades francesas parecen hacer poco para detener los botes una vez que han zarpado.

"Son un tipo de migrantes diferentes a los del pasado", añade, recordando que los que venían antes a menudo esperaban evadir a las autoridades y llegar sin ser vistos a la costa británica para encontrarse allí con alguien que les estaba esperando.