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El presidente de Argentina, Alberto Fernández, encarará un Congreso con fuerte paridad entre el oficialismo y la principal oposición, tras las elecciones legislativas del domingo, en las que irrumpió en la escena política el libertario Javier Milei.

La coalición gobernante Frente de Todos (peronismo de centro-izquierda) tuvo una remontada en varios distritos respecto del revés en las primarias de septiembre, pero no le alcanzó para conservar la mayoría simple en el Senado (37 de 72 senadores), al perder seis de las 41 bancas que tenía.

No obstante se mantuvo como primera minoría en ambas cámaras, desafiando las aspiración de Juntos, la coalición de centro-derecha liderada por el expresidente Mauricio Macri, con la que había anticipado que reclamaría la presidencia en la Cámara Baja.

El conteo oficial no contempla datos totales nacionales ya que la elección es por distrito. La renovación de la mitad de la Cámara de Diputados abarcó todo el país, mientras que los comicios para renovar un tercio de los 72 escaños del Senado se desarrollaron en ocho provincias.

El gobierno tendrá un bloque de 35 senadores y Juntos de 31, mientras los otros seis responden a diferentes fuerzas provinciales con las que el gobierno deberá buscar alianzas.

Según las proyecciones, el 10 de diciembre cuando asuma el nuevo Congreso, la Cámara de Diputados quedará polarizada entre el bloque del Frente de Todos, con 118 escaños, y el de Juntos, con 116 bancas. El resto se dividirá en grupos minoritarios como el Peronismo Federal (seis diputados), los ultraliberales (5) y la izquierda clasista (4), entre otros.

La novedad en Buenos Aires, la ciudad más rica del país, con 2,8 millones de habitantes, fue la irrupción de Milei, un ultraliberal de 51 años cuya imagen creció como un dirigente iconoclasta de discurso antipolítica, que obtuvo 17% de los votos.

Junto a su aliado, el economista José Luis Espert que sumó 7,5% en la provincia de Buenos Aires, Alianza Libertad contará con un bloque de cinco diputados.

Acuerdo con el FMI

Tras perder el control del Congreso en las legislativas del domingo, el gobierno argentino busca un entendimiento con la oposición para consensuar un plan económico y un nuevo acuerdo con el FMI que le permita librarse de pesados vencimientos que le aguardan a partir de 2022.

“Es tiempo de resolver el problema derivado de la deuda contraída por el gobierno que me precedió con el FMI. Ese es el escollo más grande que enfrentamos para continuar en la senda de la recuperación económica y de la construcción de un país con más equidad”, dijo el presidente Fernández cuando llamó al diálogo a la oposición.

El préstamo por $us 57.000 millones que el FMI concedió a Argentina durante el gobierno de Macri (2015-19) es para Fernández uno de los dolores de cabeza más persistentes de su gestión.

El ministro de Economía, Martín Guzmán, negocia desde el primer día un nuevo acuerdo, probablemente de facilidades extendidas, que permita reemplazar el actual y alargar los plazos de pago.

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