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Los hombres enmascarados ordenaron a los cristianos que acudían a un monasterio bajar del autocar y renegar de su fe, explicaron los supervivientes de la masacre del viernes en Egipto.
 "Les pidieron renegar de su fe cristiana, uno a uno, pero todos se negaron", suelta suspirando el padre Rashed. Entonces, los hombres armados les dispararon fríamente a la cabeza. En total, 29 personas, incluyendo niños, murieron en este ataque reivindicado por el grupo yihadista Estado Islámico (EI).
 Más de 24 horas después, la emoción era palpable ayer en la catedral de Mar Morcos (San Marcos) de la pequeña ciudad de Bani Mazar, en la provincia central de Minia.


Durante la misa, algunos fieles no pueden contener sus lágrimas. Sin fuerzas para estar de pie, un joven es sostenido por sus allegados.
Todas vestidas de negro y con el cabello cubierto por un ligero velo anudado detrás de la nuca, las mujeres llegan para una ceremonia de condolencias organizada por la iglesia. Sus llantos y sus gritos rompen el silencio que reina en el patio.


Después de haber visitado a heridos el día anterior, el padre Rashed cuenta cómo el viaje hacia un monasterio situado a más de 200 km al sur de El Cairo se convirtió brutalmente en un drama.
En el convoy de varios vehículos, incluido un bus, viajaban obreros contratados para unas obras y fieles con ganas de pasar el día en el monasterio, como suelen hacer los coptos, que representan cerca del 10% de los casi 92 millones de egipcios. 

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