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Era el 20 de febrero cuando, luego de cumplir un exhaustivo período de cuarentena, los pasajeros a bordo del crucero Diamond Princess empezaron a desembarcar en el puerto de Yokohama, en Japón.

Tenían exactamente dos semanas encerrados y aislados en los camarotes de la embarcación. Había un total de 3.100 personas, entre pasajeros y tripulantes. Tras ello, 700 individuos dieron positivo a la prueba de coronavirus.

Para el viernes 21 de febrero, el crucero ya estaba sin personas en sus inmediaciones, pero el zarpazo llegó 17 días después: aún quedaban restos de ácido ribonucleico (ARN o material genético) del coronavirus. La aciaga noticia la confirmó el Reporte Semanal de Morbilidad y Mortalidad hecho por los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (ARS).

Según el informe el ARS del SARS-Cov-2, fue identificado en las superficies de las cabinas de pasajeros infectados. Ello, luego de que los camarotes fueran desocupados en el crucero. Pese a esto, la agencia estadounidense precisó que se desconoce si los tripulantes se contagiaron de coronavirus por superficies contaminadas durante la cuarentena.

Un estudio publicado en la revista médica New England Journal of Medicine apunta que el nuevo coronavirus puede sobrevivir en plástico y acero inoxidable hasta tres días, caso distinto al cobre, en el que no aguanta más de cuatro horas. En el cartón, por ejemplo, solo soporta un día.

La Organización Mundial de la Salud rechazó tajantemente un informe difundido en medios de comunicación de Inglaterra, en el que se precisa que la ONU vinculó el COVID-19 con el dinero en efectivo.

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