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Una reciente serie de escándalos de corrupción relacionados con la pandemia de coronavirus empañó la imagen del presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, criticado por su inacción, pero finalmente esto podría obligarlo a cumplir su promesa de limpiar el país, según analistas.

En una Sudáfrica aún sumida en el revuelo de los escándalos de la presidencia de Jacob Zuma (2009-2018), las acusaciones de desvío de fondos públicos destinados a luchar contra el Covid-19 o a apoyar a la población no han sorprendido a nadie.

Oenegés de ayuda a los más desfavorecidos se emocionaron al principio con la gestión muy personal de algunas autoridades locales. Pero algunos hospitales denunciaron después la "desaparición" de lotes enteros de materiales de protección prometidos.

Nada comparable con los miles de millones de rands evaporados en empresas públicas en los últimos años, pero chocante por ser robos contra los más necesitados.

"Esta corrupción es más real", dijo el economista Thabi Leoka. "Cuando [afecta] a familias con hambre y que esperan su paquete alimentario, su realidad es aún más cruda...", agregó.

El fenómeno adquirió cariz político el mes pasado, cuando la prensa reveló irregularidades en la atribución de un contrato al marido de la portavoz del presidente, Khusela Diko.

Después, otras personalidades del Congreso Nacional Africano (ANC), en el poder, se vieron salpicadas por otros escándalos, incluido su secretario general Ace Magashule. Todos claman su inocencia.

El jefe del Estado, presionado, prometió perseguir a "las hienas que deambulan alrededor de presas heridas".

"Cuando la corrupción emerge en una situación que pone en peligro la confianza y la cohesión sociales, los desafíos son importantes", considera Karam Singh, uno de los responsables de la oenegé Corruption Watch. "Parece el momento de iniciar reformas", sostiene.

Cuando sucedió a Jacob Zuma a principios de 2018, Cyril Ramaphosa prometió acabar con el saqueo sistemático de recursos públicos autorizado por su predecesor y castigar severamente a sus autores. Pero hoy, pocos han sido procesados o encarcelados.

 "Presidente espectador" 

Poco efecto tuvieron sus advertencias contra aquellos atraídos por el olor de los 24.000 millones de euros (28.000 millones de dólares) del plan de ayuda pública contra la pandemia.

"Enseguida dijo que la ayuda del covid sería vigilada de cerca [...] pero no fue disuasivo", apunta Collette Schulz-Herzenberg, especialista de ética pública en la universidad de Stellenbosch. 

Criticado por la dureza de su confinamiento, con la prohibición de las ventas de alcohol y de tabaco, Ramaphosa lo es ahora también por la lucha contra la corrupción.

"Tenemos un presidente espectador", lamenta el jefe de la oposición John Steenhuisen, "los sudafricanos están cansados de esta vacuidad".

A un año de las próximas elecciones locales, algunos ya auguran que el campo presidencial pagará un alto precio.

"Está claro que la ira de la población estallará en las urnas", vaticina el analista político Ralph Mathekga,

La exasperación de los sudafricanos podría en cambio servir al poder para iniciar profundas reformas indispensables para erradicar la corrupción, opina Karam Singh.

Para acabar con las sospechas, algunas autoridades provinciales publicaron recientemente los detalles de sus contratos ligados al coronavirus. A principios de mes, el ministro de Finanzas, Tito Mboweni, abogó por la transparencia obligatoria en las adjudicaciones públicas.