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La Unión Europea (UE) acaba de empezar a distribuir y poner las primeras vacunas contra COVID-19, pero prominentes sanitarios y políticos ya han alertado sobre las implicaciones morales y sociales que acompañan a este esperado momento.

Frank Ulrich Montgomery, presidente de la Asociación Médica Mundial, y Thomas Mertens, virólogo y líder de la Comisión Permanente de Vacunación de Alemania (STIKO, por sus siglas en alemán), han sugerido que quienes ya se hayan inmunizado contra el COVID-19 podrían algún día utilizar un "pasaporte” de la vacuna para poder acceder a vuelos, restaurantes, conciertos y cines.

Montgomery dijo a la emisora de radio pública Deutschlandfunk que era demasiado pronto para discutir esta idea hasta que la vacuna esté disponible para todo el mundo, pero que en principio no la descartaría.

Muchos alemanes ya tienen un "pasaporte de inmunización”, que registra todas las vacunas que se han puesto. Además, Alemania acaba de aprobar una ley que exige a todos los niños vacunarse contra el sarampión antes de poder ir a la guardería o al colegio. Ya que la asistencia a la escuela es obligatoria en Alemania, eso significa que de facto hay una obligación de vacunarse contra el sarampión.

Una decisión exclusiva de los empresarios

Pero el presidente de STIKO, Mertens, fue más allá y dijo al periódico Die Welt que podría imaginarse un futuro en el que las empresas exigiesen una prueba de inmunidad frente al nuevo coronavirus antes de aceptar clientes.

"Se trata de acuerdos privados que hacen el dueño del restaurante, la aerolínea o el organizador del concierto”, dijo. "Creo que algo así es posible. Pero no soy abogado y al final serán ellos quienes decidan”.

El Gobierno alemán ha descartado en varias ocasiones la obligatoriedad de la vacuna contra el COVID-19 y, quizás teniendo en mente el ruido ocasional del movimiento antivacunas, el Ejecutivo ha reiterado que la idea de dar privilegios a los vacunados no está sobre la mesa.

"Políticamente tengo una posición muy clara a este respecto”, dijo el ministro de Interior alemán, Horst Seehofer, al periódico Bild am Sonntag. "Por muy importante que la vacunación sea para nosotros, no habrá un tratamiento especial para los vacunados. Distinguir entre vacunados y no vacunados sería lo mismo que hacer la vacuna obligatoria.

Pero si bien lo no dijo explícitamente, Seehofer admitió en la práctica que tienen un margen de acción muy pequeño para impedir que las empresas implementen sus propias políticas. "Solo puedo advertir en contra”, dijo. "Un tratamiento especial para los vacunados dividiría a la sociedad”.

Pasaporte digital de salud

Otros países afrontan un debate similar. El Reino Unido, que empezó a vacunar a los mayores y a los trabajadores sanitarios a mediados de diciembre, también ha descartado distribuir pasaportes de inmunidad.

No obstante, hay confusión al respecto, pues el nuevo ministro responsable de las vacunaciones, Nadhim Zahawi, ha sugerido que bares y clubes deportivos podrían denegar la entrada a quienes se nieguen a vacunarse utilizando tecnología de rastreo.

Por otro lado, parece que es probable que acabe introduciéndose algún tipo de sistema de certificación de vacunación en el tráfico aéreo internacional. El 16 de diciembre, la Asociación Internacional de Transporte Aéreo presentó su app Travel Pass, que según un comunicado, "ayudaría a los viajeros a gestionar de forma fácil y segura su viaje de acuerdo con cualquier requisito gubernamental de información sobre pruebas o vacunas de COVID-19”.

En Estados Unidos, el gigante tecnológico IBM ha creado un pasaporte digital de salud que podría excluir a los no vacunados de ciertos negocios. Aunque no es así como lo presentan, por supuesto.

El pasaporte "está diseñado para permitir a las organizaciones verificar las credenciales de salud de empleados, clientes y visitantes que accedan a sus propiedades de acuerdo con los criterios establecidos por la organización”.

¿Pero y si estos planes estuvieran ofreciendo una falsa sensación de seguridad? En Alemania, Karl Lauterbach, político socialdemócrata y epidemiólogo, también se ha pronunciado en contra de dar derechos especiales a los vacunados. Por razones tan morales como científicas. "No se puede descartar que los vacunados puedan infectar a otros”, dijo al grupo Funke esta semana.

(eal/jov)

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