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El cambio climático y el derroche han puesto en riesgo la provisión de alimentos para millones de personas. Entre un 25 y 30% de la producción de alimentos se desecha, lo que provoca un 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

Esa es la principal conclusión del último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC) de la ONU, el mismo que demandó un cambio en la dieta de los seres humanos si quieren salvar el planeta de una catástrofe climática.

Menos carne, más agricultura sostenible y mejor administración del agua son las claves para frenar el actual proceso que ha llevado a más de 800 millones de personas a la subnutrición.

El documento, presentado tras cinco días de reuniones en Ginebra de los científicos del IPCC -dependiente de la ONU- y que el miércoles fue aprobado por los 195 signatarios del Acuerdo de París, fija por primera vez la relación directa entre crisis climática y fenómenos como la degradación del suelo o la desertización.

Esa relación es recíproca (la emergencia climática degrada el suelo, y viceversa), por lo que es urgente reducir la deforestación, y con ello la sobreexplotación agrícola y ganadera, en un mundo donde el hombre afecta al 70% del suelo y 500 millones de personas que viven en zonas áridas son cada vez más vulnerables.

Esto, unido al aumento de la población mundial (que podría alcanzar los 10.000 millones de personas hacia 2060), exige repensar y planificar mejor la producción alimentaria, y por tanto cambiar los modelos de consumo global, con 2.000 millones de personas sufriendo sobrepeso mientras otros 800 millones están malnutridos.

“Casi todo el esfuerzo (en la lucha contra el cambio climático) estaba hasta ahora puesto en sectores como la industria, el transporte o la energía, cuando la alimentación, los suelos o la tierra tienen un papel clave”, señaló a Efe la científica española Marta Rivera, miembro del IPCC y participante en el informe.

“Era una temática en cierto modo invisibilizada, pero que los científicos veníamos demandando”, añadió Rivera, directora de la cátedra de agroecología y sistemas alimentarios de la Universidad de Vic.

En manos de los ciudadanos

Las conclusiones del IPCC, compuesto por 107 expertos de 52 países, dan así por primera vez un papel protagónico a los ciudadanos en el combate del efecto invernadero, ya que modificar sus dietas a unas más saludables, o desperdiciar menos comida, puede ayudar a salvar al mundo de catástrofes naturales.

El informe no se atreve a hablar directamente de una reducción en el consumo de carne, algo que se contemplaba teniendo en cuenta que la ganadería emite un tercio de las emisiones mundiales de dióxido de carbono y ocupa dos tercios del suelo agrícola.

El IPCC alega que no se puede aconsejar lo mismo a países con obesidad que a otros con hambrunas, o en naciones con dieta mediterránea frente a otras más carnívoras, aunque hoy la ONG Greenpeace sí fue clara al desplegar una pancarta en Ginebra con el lema: “Less Meat, Less Heat” (“menos carne, menos calor”).

“Las recomendaciones son una llamada a la reflexión, (la dieta) es un tema individual y personal, aunque estamos viendo que las nuevas generaciones tienen una preocupación más marcada por una alimentación más equilibrada”, resaltó a Efe el peruano Eduardo Buendía, copresidente del IPCC.

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