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Las emisiones radiactivas tras el accidente en la central nuclear japonesa de Fukushima en 2011 no han producido efectos negativos sobre la salud, según las conclusiones de un comité de investigadores de la ONU publicadas este martes en Viena.

Desde un informe anterior publicado en 2013, "no se ha documentado ningún efecto nocivo para la salud de los habitantes de Fukushima que pueda atribuirse directamente a la exposición a la radiación", afirmó la presidenta del Comité Científico de las Naciones Unidas para el Estudio de los Efectos de las Radiaciones Atómicas (UNSCEAR), Gillian Hirth.

En general, el informe del UNSCEAR publicado el martes confirma ampliamente los principales resultados del informe anterior, que data de 2013. Según un comunicado de las Naciones Unidas, ofrece "una evaluación mejorada y más sólida de los niveles y efectos de la radiación debidos al accidente".

El Comité consideró que el fuerte aumento del número de casos de cáncer de tiroides en los niños expuestos es imputable a una mejoría de la técnica de detección que reveló "la prevalencia de anomalías que no se habían detectado antes".

Tras un sismo de magnitud 9 seguido de un tsunami, el accidente de Fukushima provocó el 11 de marzo de 2011 la liberación de importantes emisiones radiactivas en el agua, el aire y los suelos de la región de la central, situada 220 km al noreste de Tokio.

Un centenar de miles de personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares y alrededor de 19.000 personas murieron a causa del desastre natural.

El de Fukushima fue el peor accidente nuclear desde el de Chernóbil (Ucrania) en 1986, tras el que se observó un aumento en el número de cáncer de tiroides.

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