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El rebrote de la pandemia de covid-19 en Europa ilustra el dilema al que se enfrentan los gobiernos desde hace varios meses: imponer una nueva cuarentena, con el riesgo de matar la frágil recuperación económica, o reforzar las restricciones gradualmente, sin garantía de frenar la segunda ola.

"En Estados Unidos, los fines de semana del Día de la Memoria a finales de mayo y del Día de la Independencia el 4 de julio fueron seguidos por picos de contagios", indicó en una reciente tribuna la francesa Esther Duflo, premio Nobel de economía.

A partir de ese hecho, Duflo propuso, para evitar un "recrudecimiento catastrófico" de la enfermedad entre los ancianos en Navidad, instaurar un nuevo confinamiento en toda Francia del 1 al 20 de diciembre.

"Se podrían alentar las compras de Navidad durante el mes de noviembre y las tiendas podrían permanecer abiertas para los pedidos durante la cuarentena", argumentó Duflo en una columna publicada en el diario francés Le Monde.

Pero su propuesta no fue acogida positivamente por todos. "No sé si Esther Duflo tiene el premio Nobel de psicología", pero "un reconfinamiento generalizado significaría el colapso del país", reaccionó el presidente de la principal organización patronal de Francia (Medef), Geoffroy Roux de Bézieux.

"Permanecer humildes ante el covid-19"

En este contexto y ante una opinión pública cada vez más reacia, entre manifestaciones contra el uso obligatorio de mascarillas en Alemania y protestas en Francia contra el cierre de los bares, un confinamiento general y prolongado no parece ser una opción para los gobernantes.

El gobierno irlandés, por ejemplo, decidió no seguir el consejo de su comité científico, que defendía una cuarentena. Pero a los irlandeses ya no se les permite salir de su condado, para limitar la circulación del virus. 

París ha cerrado sus gimnasios y bares y Bruselas hará lo mismo a partir del jueves, mientras que Hamburgo ha equipado sus escuelas con purificadores de aire.

"Debemos permanecer humildes ante este virus, del que aún sabemos poco, y sobre todo ser muy reactivos, por lo que decir que nos reconfinaremos en dos meses es demasiado tarde; debemos hacerlo apenas se constata una aceleración de la epidemia", estima Jonathan Benchimol, economista del Banco de Israel.

Israel fue el primer Estado, a mediados de septiembre, en decretar un nuevo confinamiento de la población. Pero mientras que en marzo y abril "todo estaba cerrado, excepto los centros comerciales, esta vez el confinamiento es más inteligente, tanto económica como psicológicamente", dice el economista.  

Por recomendación del banco central, "se mantuvieron abiertas las empresas con una alta contribución al PIB y un bajo riesgo de morbilidad para los trabajadores y los clientes, como las de alta tecnología, industria pesada, finanzas y construcción". 

"Bomba atómica"

¿Cómo podemos evitar el mayor número posible de muertes y al mismo tiempo causar la menor perturbación negativa posible en la vida social y económica? Esta es la compleja ecuación a la que se enfrentan los gobiernos", señala Pierre-Yves Geoffard, director de investigación del CNRS (Centro Nacional de Investigación Científica de Francia).

Y añade: "La caída del PIB no es una cifra abstracta, es la explosión del desempleo, la pobreza y la precariedad". 

Para él, un nuevo confinamiento es una solución demasiado extrema, una "bomba atómica". 

"En Suecia, el razonamiento ha sido que si se cierran las escuelas, se priva a los niños de una educación, aunque sabemos que la educación es crucial para la salud a largo plazo", dice Geoffard. Es "la salud de unos contra la salud de otros mañana".

Para este economista de la salud, la mejor estrategia a adoptar contra el covid-19 sigue siendo la que se ha utilizado históricamente contra la mayoría de las enfermedades infecciosas: "pruebas, rastreo y aislamiento".