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El presidente de Ecuador, Guillermo Lasso, sustituyó ayer al jefe del comando njunto de las Fuerzas Armadas y al de prisiones, y llamó a todos los poderes a un “acuerdo nacional”, en un intento por aplacar una crisis carcelaria atizada por el narcotráfico y que este año deja más de 320 presos muertos en brutales enfrentamientos.

Lasso “aceptó la renuncia” del jefe del comando conjunto, vicealmirante Jorge Cabrera, y del director del organismo a cargo de prisiones (SNAI), Bolívar Garzón.

Los responsables salieron de sus cargos ante un sistema penitenciario en caos por el desafío de las bandas del narcotráfico que se disputan el poder dentro y fuera de las prisiones. El fin de semana, 68 reclusos murieron en un choque a bala, con explosivos y a machete en la principal cárcel del puerto de Guayaquil, que el gobierno calificó de “barbarie”.

“Acto de terrorismo”

“El país está bajo el ataque, bajo una mafia internacional de los cárteles de la droga”, expresó a su vez el vocero presidencial, Carlos Jijón, al canal Teleamazonas.

Sin embargo, el portavoz también deslizó la tesis de un complot político para desestabilizar al gobierno de Lasso, investigado por el Congreso por su relación con el escándalo de los “Pandora Papers”.

“El objetivo real (de la masacre) era cometer un acto de terrorismo que conmocione a la nación”, señaló Jijón, y agregó que la crisis no se reduce a “un enfrentamiento entre bandas o pandillas de la cárcel”, sino que se trata de “una situación extremadamente grave que tiene ramificaciones políticas”.

El mandatario designó como nuevo jefe de las Fuerzas Armadas al general Orlando Fuel, y encargó la dirección del SNAI a la agencia de inteligencia del gobierno CIES. El general Luis Burbano pasó a ser comandante del Ejército.

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