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_¿Qué significa lo que está ocurriendo para la democracia de EEUU?
Es una crisis histórica, relacionada con el avance de la ultraderecha, con milicias como las de los Proud Boys y grupos que creen en teorías conspiratorias como QAnon. Gracias al impulso de Trump, estos grupos dispersos se han ido radicalizando más y más y se están cohesionando en uno solo. El trabajo de Trump y sus acólitos para deslegitimar el contundente triunfo electoral de Biden ha tenido frutos, pues el 60% de republicanos creen que ha habido fraude; eso significa que el 20-25% del electorado no ve a Biden como un presidente legítimo. Después de la toma del Congreso Trump deja la Presidencia muy hundido, pero para muchos de sus seguidores es el único líder. Se vienen años inestables y violentos, los grupos fascistas, cada vez más armados, seguirán avanzando, y se les debe hacer frente.

_¿Qué relevancia puede tener en Latinoamérica y en Bolivia?
Hay ciertas cosas de la política exterior norteamericana que no cambian, sea el presidente un republicano o un demócrata (el Plan Colombia, por ejemplo). Eso sí, con Biden probablemente haya nuevamente acercamientos con Cuba y se aleje de Bolsonaro. También habrá una renovada atención a la política migratoria con respecto al continente, y se buscará flexibilizar las posturas intransigentes de Trump.

Por otro lado, este es un momentos de crisis muy seria y Estados Unidos tenderá a mirar hacia adentro: con la crisis sanitaria y la política al mismo tiempo, creo que el país no estará en condiciones de ejercer algún tipo de liderazgo global por un tiempo, o de preocuparse demasiado por lo que ocurre más allá de sus frontera.

_¿Cómo se puede recomponer esta marcada división?
La verdad, no lo sé. Hay una suerte de ruptura epistemólogica, burbujas mediáticas creadas por internet y los medios: cada grupo escucha sus propias noticias y ya casi no hay medios capaces de articular un consenso. El complejo mediático de la derecha está cada vez más dispuesto a creer mentiras y conspiraciones, y no está claro cómo se rompe esa burbuja y cómo los grupos enfrentados pueden volver a escucharse.

Estamos en un momento de “guerra civil blanda”, hay que desactivar esa política de ver al rival político como el enemigo a aniquilar. Pero esta no es una tarea de corta duración, tomará años y para ello se necesita el apoyo de un partido republicano que no parece dispuesto a enfrentarse a los demonios en su interior.

_¿Qué se puede esperar de Biden y los desafíos que debe asumir en los primeros días de mandato?
Biden tiene la suerte de que en el último minuto ganó dos senadores en Georgia; gracias a ello controla el Congreso y eso le permitirá tener una política más agresiva que la que hubiera tenido con los republicanos de mayoría en el Senado. La prioridad es la crisis sanitaria, lograr tener un plan de vacunación ambicioso y controlar al virus para el verano; solo así podrá iniciarse la recuperación económica. 

Biden, que es un moderado por naturaleza, deberá ver cómo contenta a la vez al ala progresista de su partido, que quiere más ayudas económicas ante la crisis, y a su propio deseo de buscar algunos planes de consenso con los republicanos (por ejemplo, un proyecto de renovación de la infraestructura de caminos y comunicaciones). Al mismo tiempo tendrá que lidiar con ese elemento desestabilizador que es Trump y sus grupos fascistas de choque (todo eso mientras se lleva a cabo en el Congreso el “impeachment” de Trump...).

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