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Joe Biden prometió un enfoque más humano en política migratoria, y sus primeros gestos como presidente no defraudaron. El mismo día de su toma de posesión, el nuevo presidente de EE. UU. ordenó frenar la construcción del muro con México y la preservación y refuerzo del programa DACA, que protege temporalmente de la deportación a los "dreamers", jóvenes que fueron llevados a EE. UU. siendo niños.

La nueva administración suspendió las deportaciones durante 100 días y anunció asimismo la suspensión del polémico programa "Quédate en México”, que devolvió al país vecino a unos 60.000 migrantes, la mayoría de Centroamérica. Muchos de ellos siguen a la espera de que se resuelva su situación en México. "Son pasos ambiciosos, pero absolutamente necesarios para empezar a rectificar el daño causado por la administración de Trump”, dice a Deutsche Welle Rachel Schmidtke, experta en América Latina de Refugees International. "Tenemos un largo camino por recorrer. Muchos de los acuerdos no pueden ser revertidos en un día, tomará tiempo”, continúa Schmidtke.

Una ambiciosa reforma migratoria

Pero la medida de mayor recorrido de la administración Biden es su anunciada reforma migratoria para conducir a la legalización y otorgar la ciudadanía a unos 11 millones de indocumentados a lo largo de los próximos ocho años. Según la Casa Blanca, la iniciativa de ley "Acta de Ciudadanía de Estados Unidos 2021" es un esfuerzo por "restablecer humanidad y valores estadounidenses en nuestro sistema de inmigración”.

Entre otras cosas, la propuesta contempla como prioridad mantener unidas a las familias migrantes, un tema que generó indignación internacional luego de que circularan imágenes de pequeños solos en centros de migrantes durante el mandato de Trump. Un detalle del texto legal es que cambia el término "alien” por el de "no ciudadano”, en reconocimiento de que Estados Unidos es "una nación de inmigrantes”. A todo ello se suma que la página web de la Casa Blanca reactivó su sección informativa en castellano el primer día de mandato de Biden.

Movidos no por Biden, sino por los problemas crónicos

Sin duda, la nueva administración ha suscitado ilusión y esperanza entre muchas personas, tanto dentro como fuera del país. ¿Tendrá su política un efecto de llamada para que se formen nuevas caravanas de migrantes de Centroamérica? "Las caravanas son un fenómeno de la era global, y ocurren independientemente de quién esté a cargo. Las expectativas de emigrar desde Centroamérica están influidas por muchos factores, económicos principalmente”, dice a DW Manuel Orozco, director del Centro para Migración y Estabilización Económica de Creative Associates International, con sede en Washington, y miembro senior del think tank Diálogo Interamericano.

Rachel Schmidtke, de Refugees International, está de acuerdo con él: "La gente puede sentirse esperanzada con la llegada de Biden, pero los problemas crónicos de pobreza, violencia, corrupción, cambio climático, y ahora COVID-19, siguen siendo factores de empuje increíblemente fuertes, con un peso mayor en la decisión de las personas a la hora de dejar su hogar”.

"Formas ineficientes y crueles de gestionar la migración"

Para paliar esos problemas crónicos, la propuesta migratoria de Biden busca abordar las "causas de raíz” de la migración, promoviendo un mayor desarrollo económico en diversos países, y un plan de asistencia para El Salvador, Guatemala y Honduras, de donde son originarios la mayoría de los migrantes de las caravanas, así como fondos adicionales para la vigilancia y control fronterizos.

El propio Trump destacó entre sus grandes logros los acuerdos a los que llegó a base de amenazas económicas y comerciales con México y Guatemala, Honduras y El Salvador para la contención de migrantes en sus territorios. El mundo fue testigo pocos días antes de la posesión de Biden de cómo Guatemala disolvía violentamente una caravana de migrantes que se dirigía hacia México. "México, y ahora, hasta cierto punto, Guatemala, han adoptado tácticas que limitan el derecho de las personas a buscar asilo, y tienen formas ineficientes y a veces crueles de gestionar la migración. Pero México tiene un gran potencial para ser un país de asilo y de respeto a los derechos humanos, si puede cambiar las tácticas de control fronterizo y fortalecer su sistema de asilo”, destaca Rachel Schmidt. Además, "es fundamental que Estados Unidos trabaje con otros Gobiernos en nuevas formas no caóticas ni violentas de gestionar los flujos migratorios”, dice la experta. (cp)

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