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El torbellino internacional de noticias falsas provocado por el nuevo coronavirus ha arrastrado a los teóricos de la conspiración en Oriente Medio a un exceso de religiosidad, propagando por ejemplo que los musulmanes son inmunes al virus.

Algunos expertos ven en este fenómeno el resultado natural de una sociedad que intenta gestionar la angustia suscitada por la crisis sanitaria mundial, de una magnitud sin precedentes. 

"En tiempos de crisis inexplicables y de conflictos, la gente recurre a mitos y convicciones culturales para dar sentido a lo que está pasando", explica Nabil Dajani, especialista en medios de comunicación de la Universidad americana de Beirut (AUB).

"Ocurre en todas partes, no sólo en el mundo musulmán", añade.

En todo el mundo, los mitos se han propagado como la pólvora en internet, con remedios milagrosos contra el coronavirus o teorías conspirativas sobre sus orígenes, compartidas por miles de usuarios en las redes sociales, incluidos algunos políticos.

El fenómeno es tal que en febrero la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió contra una "infodemia". 

El mundo árabe no se ha librado: los verificadores de hechos de la AFP han observado una tendencia similar, aunque dominada por un exceso de religiosidad.

Un video que pretendía mostrar a chinos convirtiéndose al islam porque el coronavirus "no afecta a los musulmanes" fue muy compartido en las redes sociales en febrero. 

En realidad, eran filipinos que se habían convertido en Arabia Saudita en mayo de 2019, es decir meses antes de la aparición de la epidemia en China.

Suicidios de italianos

Otro video pretende mostrar a chinos recibiendo ejemplares del Corán, después de que se levantara la "censura" al libro sagrado en el país, en plena epidemia. Está tomado de un reportaje sobre la distribución de biblias en China que circula desde 2013.

Aprovechando que el Al Ándalus (nombre que los musulmanes dieron a la península ibérica) de la Edad Media sigue suscitando fantasías, las redes sociales se hicieron eco de otro video. Afirma que el llamado a la oración resonó por primera vez en 500 años en España, muy afectada por la epidemia, a pesar de que nunca estuvo prohibido en el país.

"En nuestra región, las reivindicaciones religiosas a veces entran en conflicto con la ciencia y la medicina", recalca Sari Hanafi, profesor de sociología en la AUB. 

"Pero la religión también es una fuente esencial de solidaridad social, que es parte de la resistencia al estrés psicológico de la cuarentena", dice.

Más allá de estas invenciones con tintes religiosos, los verificadores de hechos de la AFP también han identificado varias publicaciones que predicen la caída de los países occidentales, enfrascados en la lucha contra la pandemia.

"Los italianos se suicidan", era el título de un video en árabe compartido en las redes sociales, que muestra a una multitud congregada en una plaza pública en Italia. En realidad, era una manifestación contra la extrema derecha italiana, celebrada meses antes de la propagación del coronavirus. 

Los internautas también compartieron declaraciones falsas atribuidas al primer ministro italiano Giuseppe Conte, según las cuales solo una solución "caída del cielo" podría salvar a Italia.

Impotencia

Refiriéndose a las teorías conspirativas, Dima Matar, de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos (SOAS) en Londres, rechaza cualquier "lenguaje" que venga a decir que Oriente Medio es "diferente" del resto del mundo. 

"La religión siempre se utilizó en el discurso político, y no solo en Oriente Medio, también en Occidente".

La desinformación en el mundo árabe-musulmán debe ser percibida, según Matar, "como las otras noticias falsas y teorías conspirativas que han surgido alrededor del virus, y que han sido promovidas incluso por (el presidente estadounidense Donald) Trump". 

Esta propaganda y teorías alimentan el nacionalismo, exacerban el estigma social y los estereotipos racistas, sostiene Hanafi.

Hace alusión a algunas teorías que afirman que el virus fue fabricado en laboratorios estadounidenses para perjudicar a China e Irán, u otras que culpan a los refugiados y los migrantes.

Este fenómeno es sintomático de los períodos en los que "nos sentimos impotentes frente a la realidad, y no sabemos cómo explicar algo de manera científica", añade Hanafi.