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Dos tejados que sobresalen del agua son la única parte visible de la antigua ciudad de Hasankeyf, que quedó sumergida en el lago artificial que se formó tras la construcción de una controvertida represa.

Situada a orillas del Tigris, en el sureste de Turquía, Hasankeyf fue en otro tiempo una localidad muy turística por sus monumentos históricos, que databan de la época romana, bizantina y otomana.

La polémica construcción de la presa de Ilisu comportó el traslado de sus habitantes, mayoritariamente kurdos, a un nuevo lugar. Algunos de los monumentos históricos también fueron desplazados.

Y con el permanente ruido del taladro neumático, su mercado y sus carreteras a medio construir llenos de polvo, la nueva Hasankeyf parece más bien una ciudad en obras.

Abdurrahman Gundogdu, de 48 años, teme que su vida nunca más vuelva a ser como antes. 

"Solo gano el 1% de lo que ganaba en la antigua ciudad", cuenta Gundogdu, dueño de una tienda de recuerdos, apenas visitada. "Hay turistas locales, pero en realidad no tienen dinero", se queja.

Obligados a abandonar su ciudad, de 12.000 años de antigüedad, algunos habitantes consiguieron que les trasladaran las tumbas de sus familiares.

Cerca de 500 sepulturas fueron transferidas en septiembre a la nueva Hasankeyf. Otras quedaron sumergidas por la aguas, pues no fueron desplazadas a tiempo.

- Pasado sumergido -

La represa de Ilisu es un elemento central del Proyecto Anatolia del Sureste (GAP), un plan de ordenamiento territorial que busca incentivar la economía de la región, abandonada durante mucho tiempo, apoyándose en la energía y el riego.

Habitantes y activistas por el patrimonio cultural intentaron convencer al gobierno de que no construyera la presa para salvar la ciudad antigua, pero fue en vano.

Los pilares del viejo puente, que antaño hacían las delicias de los fotógrafos aficionados, también desaparecieron, así como las casas trogloditas excavadas en la roca calcárea desde hace milenios.

"Es algo muy trágico. Todo tu pasado, tus ancestros, tu historia se ven de golpe sumergidos bajo el agua", comenta Ridvan Ayhan, portavoz de la asociación "Salvar Hasankeyf", que hizo campaña contra la represa.

El gobierno rechaza las críticas y alega que la mayoría de los monumentos de Hasankeyf fueron protegidos y que se construyó una nueva ciudad cerca de allí para realojar a los 3.000 habitantes de la ciudad histórica.

Para las autoridades, la nueva ciudad debería convertirse también en una atracción turística, con la posibilidad de realizar paseos en barco y visitar un "parque arqueológico" con los monumentos desplazados, como un hamam y una mezquita del siglo XIV.

Además, también se propondrán actividades como el senderismo, el parapente o motos acuáticas, según Haluk Koc, subgobernador de Hasankeyf.

- Sin turistas en el horizonte -

"Las autoridades nos dicen: 'Hasankeyf será el Bodrum o el Marmaris del este'", cuenta Bulent Basaran, un comerciante, en alusión a dos populares ciudades turísticas de la costa occidental turca.

Pero la falta de turistas relacionada con la pandemia y el hecho de que las infraestructuras no estén terminadas hacen que haya poco espacio para el optimismo.

"De momento, no veo la luz al final del túnel", explica. "Quizá dentro de cinco años, cuando estos problemas estén resueltos, las cosas serán distintas".

Pero para Ridvan Ayhan, de la asociación "Salvar Hasankeyf", es "ridículo" esperar que los turistas vuelvan a Hasankeyf, mientras que la ciudad histórica solía recibir a visitantes de todo el mundo, atraídos por su historia y las espléndidas vistas desde su ciudadela romana.

"Ya no hay ninguna razón para venir a visitar Hasankeyf, como tampoco queda rastro de su historia", apunta.

"Los únicos visitantes serán los que vengan una vez por curiosidad, para ver cómo desapareció la ciudad".

- Nuevas actividades -

No obstante, para muchos turistas locales, el lago artificial abre la puerta a nuevas actividades.

Asiye Sahin, que llegó desde Midyat -al sur de Hasankeyf- junto a su esposo y sus cuatro hijos para visitar la ciudad, estaba contenta por poder dar un paseo en barco.

"Estamos entusiasmados. Yo ya he visto el mar, pero nunca había subido en barco", dice.

De su lado, Cetin Yildirimer, un exguía turístico de 29 años, tenía sus dudas sobre lo que la ciudad pudiera ofrecer a los visitantes, al haber quedado inundado su centro histórico. Pero ahora está convencido de que los turistas volverán cuando pase la pandemia.

"Ahora que todo ha cambiado, es la hora de mirar al futuro", sostiene.