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Bastonazos y pistolas paralizantes contra los manifestantes, más de 5.000 detenciones en un día: la policía rusa no fue precisamente escrupulosa en su trato con los partidarios del político opositor encarcelado Alexei Navalni durante las protestas masivas a nivel nacional.

La mayoría de los expertos interpretan esta dureza como una reacción exagerada y una muestra de que el Kremlin está nervioso. Pero, ¿hasta qué punto puede la ola de protestas poner a tambalear la silla del líder del Kremlin, Vladimir Putin?

Las masas en las calles, por sí solas, no podrán lograr un cambio de poder en Rusia, dice a DW Mikhail Vinogradov, jefe de la Fundación Política de Petersburgo, de orientación liberal. Más decisivo es, según Vinogradov, "el tambaleo de las élites", es decir, los altos cargos que rodean al presidente, los militares de alto rango y los servicios de inteligencia. Cuando hay "agitación política" en Rusia, la causa suele ser una fisura dentro de los órganos de poder, pero "de momento no hay tal fisura". Vinogradov compara las actuales acciones callejeras con las protestas del verano de 2019, ya antes de las elecciones al Consejo de la ciudad de Moscú. Y apunta que no cambiaron nada políticamente.

Kremlin a la defensiva y policías sorprendidos

El politólogo Abbas Galyamov atribuye una mayor explosividad a las manifestaciones actuales. En entrevista con DW, Galyamov compara la táctica de la policía con la defensa de una fortaleza rodeada de un foso. Las fuerzas de seguridad, dijo, "parecían estar escondidas detrás de la muralla, levantando el puente que impide cruzar el foso, y esperando que el enemigo atacara". Esto, según Galyamov, demostró que el Kremlin se veía a sí mismo en el papel de defensor. Pero los policías parecían desmotivados y sorprendidos, a pesar de su dureza. Los críticos del Kremlin, en cambio, actuaron muy motivados, dice: "Y como los gobernantes se encuentran a la defensiva, las próximas protestas podrían ser aún más numerosas", vaticina Galyamov.

Y quizás sean repelidas con más violencia. Eso es lo que teme Ilya Grashenkov, del Centro para el Desarrollo de la Política Regional, una fundación política privada con sede en Moscú. Grashenkov reconoce que la protesta actual "es más profunda", y que el núcleo de manifestantes es claramente "más activo" que en protestas anteriores. "Asumen deliberadamente el riesgo de ser detenidos, o golpeados. Sin embargo, salen a la calle. Además, la gran mayoría simpatiza con Navalni y exige su liberación. Esta vez, la protesta se tradujo en una demanda política".

Las élites decidirán, si la presión de la calle sube

Sin embargo, Abbas Galyamov cree que Putin no será expulsado de su cargo de esta manera. Al igual que Mijaíl Vinogradov, también considera crucial el papel de las élites: "Por supuesto que no serán los manifestantes los que asalten un día la Plaza Roja y echen a Putin del Kremlin. Pero la protesta demuestra que la gente está descontenta con las élites. Eso también afectará un día a la lealtad de las élites (al Kremlin). Entonces, estas también se rebelarán".

Aunque las protestas no han tenido un efecto concreto, porque Navalni no ha sido liberado, las manifestaciones politizan cada vez más el país y también tienen influencia en la decisión de los potenciales votantes de Putin.

En otoño, los rusos elegirán nuevos representantes al Parlamento nacional, la Duma. Los expertos no descartan la posibilidad de que el llamado "voto inteligente" inventado por Alexei Navalni dé sus frutos. Su objetivo es arrebatar el mayor número posible de votos al partido gobernante Rusia Unida. Navalni recomienda a los rusos que voten a todos los partidos posibles, por pequeños y desdentados que sean, todos menos Rusia Unida. Para Navalni sólo cuenta una cosa: que el partido de Putin obtenga el menor apoyo posible y sea destituido en algún momento.

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