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Crear dispositivos para detectar los virus fue al principio apenas un pasatiempo para Sean Parsons. Hoy, este médico australiano supervisa la producción masiva de su invención-estrella: un test covid-19 en venta libre, el primero que ha recibido luz verde del regulador en Estados Unidos.

En los talleres de Brisbane, en el este de Australia, los obreros de Ellume, la sociedad que Parsons fundó, ensamblan pacientemente las piezas de estos kits grises, cuyo tamaño y forma recuerdan un test de embarazo.

El test de Ellume permite saber en 15 minutos si se es portador del coronavirus. Pronto estará disponible sin receta en las farmacias estadounidenses.

Cuando la Agencia estadounidense de medicamentos (FDA) dio su luz verde a los kits de Ellume para los casos de urgencia, los talleres de Brisbane fabricaban unos 16.000 por día.

Ahora se enfrenta al enorme desafío de acelerar el ritmo para llegar a 100.000 tests diarios antes de fin de mes, y a un millón a mediados de año.

"El objetivo es diagnosticar el máximo número posible de personas, a millones de personas, y reducir la transmisión del virus" explica Parsons.

Varios años de demanda

Cada kit incluye un hisopo que sirve para efectuar una  muestra nasal que se empareja a través de Bluetooth con una aplicación, disponible en smartphone, capaz de dar el resultado.

Aunque la vacunación ha empezado en Estados Unidos, falta aún mucho para llegar a la inmunidad colectiva, y Parsons está convencido de que aún habrá para sus tests "varios años de demanda".

Para comprender el origen de su invento, hay que remontarse a 2010, en plena epidemia de gripe A (H1N1), cuando Sean Parsons trabajaba en un hospital de Brisbane, tomado por asalto por personas que querían hacerse un test.

El médico se halló frente al caso de un adolescente que luego sería diagnosticado positivo.

"Si hubiera obtenido un resultado más rápido, si no hubiera pasado cuatro horas en una sala de espera, transmitiendo el virus a no sé cuántas personas, quiza habríamos sido más eficaces" relata.

Se puso entonces a pensar en el modo de producir un dispositivo que permitiera detectar rápidamente enfermedades de tipo gripal.

Al principio, "era como un pasatiempo", explica. Pero a fines de 2011, Ellume había captado suficientes fondos para que Sean Parsons pudiera dedicarse a tiempo completo de su proyecto.

Cuando el virus empezó a propagarse, Ellume ya había desarrollado un mecanismo de detección para fabricar un test contra la gripe, que podía hacerse el mismo paciente. La empresa incluso estableció una asociación para conseguir tests contra la tuberculosis.

Ayuda de Estados Unidos

En febrero de 2020, incluso antes de que Australia cerrase sus fronteras para protegerse del covid-19, Sean Parsons y sus equipos dedicaban sus esfuerzos para adaptar estos dispositivos al nuevo coronavirus.

Ellume obtuvo entonces una ayuda de 31 millones de dólares de agencias gubernamentales de Estados Unidos, por lo que este país recibirá en primer lugar este nuevo test.

Un ensayo clínico mostró que era en un 96% tan eficaz como un test de laboratorio, lo que convenció a la FDA de otorgarle una autorización de forma urgente.

Aunque Estados Unidos tiene ahora la prioridad de Ellume, Sean Parsons espera desarrollar el test en todo el mundo. Espera para este año obtener la luz verde europea.

Han sido necesarios ocho años para poner a punto la tecnología y ocho meses para adaptarla al covid-19, pero Sean Parsons piensa ya en lo que depara el futuro.

"Creamos las capacidades para hacer frente a una próxima pandemia", dice. "Es inevitable, y habrá que estar preparados".



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