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El Papa Francisco afirmó que la corrupción “es uno de los más grandes males sociales del mundo de hoy, en todos los niveles” y que la Iglesia “debe meterse en la alta política”. Hablando hoy por la tarde a un centenar de magistrados y altos representantes mundiales de una docena de países en la cumbre contra la trata de personas y el crimen organizado, propuso aplicar, según las modalidades de cada país, la praxis italiana “de recuperar los bienes mal habidos de los traficantes y delincuentes para ofrecerlos a la sociedad y, en concreto, para la reinserción de las víctimas”.

Una ley antimafia contra el crimen organizado ha dado en Italia buenos resultados para expropiar los bienes secuestrados, especialmente a las mafias y transferirlos a organizaciones humanitarias y de grupos que los exploten en beneficio social, cuidando sobre todo de insertar a las víctimas en las actividades para facilitar su activa recuperación.

La cumbre tiene lugar en la Casina de Pío IV en los jardines vaticanos, donde tiene su sede la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales, cuyo canciller y organizador del encuentro internacional es el arzobispo argentino Marcelo Sanchez Sorondo.

La corrupción, explicó el Papa a jueces y funcionarios, “debilita cualquier gobierno, la democracia participativa y la actividad de la justicia”.

Jorge Bergoglio definió como “verdaderos crímenes de lesa humanidad” a “la trata, tráfico de personas y las nuevas formas de esclavitud, como el trabajo forzado, la prostitución, el tráfico de órganos, el comercio de la droga y la criminalidad organizada”.

El pontífice argentino les dijo a los jueces que “les corresponde hacer justicia y les pido una especial atención en hacer justicia en el campo de la trata y del tráfico de personas”.

“Frente a esto y al crimen organizado les pido que se defiendan de caer en la telaraña de las corrupciones”, enfatizó Jorge Bergoglio.

El Papa animó a los jueces “a sentirse y proclamarse libres de las presiones de los gobiernos, de las instituciones privadas y naturalmente de las estructuras de pecado, de las que habla mi predecesor san Juan Pablo II, en particular del crimen organizado”.

“Yo sé que ustedes sufren presiones y amenazas y sé que hoy día ser juez es arriesgar el pellejo. Eso merece un reconocimiento a la valentía de aquellos que quieren seguir siendo libres en el ejercicio de su funcion jurídica. Sin esta libertad, el poder judicial de una nación se corrompe y siembra corrupción”, dijo el Papa Francisco en su discurso.

Los jueces y fiscales federales disertarán en los quince minutos que tienen para hablar cada participante en la segunda, y final, sesión de hoy.