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El papa Francisco recibió este lunes en audiencia privada al cardenal australiano George Pell, absuelto en un caso de pederastia en su país y que regresó a Roma el miércoles 30 de septiembre tras más de tres años de ausencia.

La noticia fue comunicada a través del boletín oficial del Vaticano, que precisa a diario las actividades del sumo pontífice.

"Fue muy bien", declaró Pell a Salvatore Cernuzio, periodista especializado en el Vaticano para el diario La Stampa.

El encuentro entre el papa, muy susceptible a la presunción de inocencia, y su antiguo "ministro" de Economía, no sorprendió a nadie. Pero parece poco probable que el prelado australiano, de 79 años, obtenga una nueva función en la Santa Sede.

El cardenal Pell, que en teoría tenía que mantener una cuarentena de 14 días tras su llegada de Australia, ya fue fotografiado recientemente en la terraza de un café cerca del Vaticano.

El purpurado, un veterano de los asuntos económicos, fue nombrado en 2014 por el papa Francisco al frente de una inédita Secretaría de Economía, a cargo de controlar las finanzas y los gastos en las diferentes administraciones de la Santa Sede. 

La Curia Romana (gobierno del Vaticano), acostumbrada a una gran autonomía financiera, se mostró reticente a la iniciativa.

El cardenal fue condenado en marzo de 2019 a seis años de cárcel por violación y agresiones sexuales a dos monaguillos en 1996 y 1997 en la catedral de San Patricio de Melbourne, donde era arzobispo.

Su condena, confirmada en apelación, fue finalmente revocada por el Tribunal Superior de Australia, que lo absolvió en abril de cinco cargos de violencia sexual, por el beneficio de la duda.

Pell, que estuvo en prisión más de un año, estimó que el fallo le permitiría reparar "una grave injusticia".

La última reunión presencial de Pell con el papa se remonta al 27 de junio de 2017.

El cardenal dijo a sus amigos sacerdotes que "no podía esperar para mirar al papa a los ojos", escribió Franca Giansoldati, vaticanista para el diario Il Messagero. "Esa oscura frase escondía la amargura de un cardenal que -durante ese terrible periodo- no pudo contar con ninguna palabra de consuelo, de apoyo, de amistad del papa", añadió.