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En Australia, el Gobierno lleva semanas sumido en un escándalo sexual en el Parlamento. Varias mujeres han acusado a colegas o superiores de violación. Esta semana, un canal australiano obtuvo videos comprometedores en los que se ve a agregados parlamentarios de la actual mayoría teniendo un comportamiento inapropiado dentro del recinto.

Criticado por su inacción, el primer ministro Scott Morrison habló este martes 23 de marzo con la prensa. Entre lágrimas, el mandatario hizo referencia a su esposa, a sus hijas e incluso a su madre como las guías que lo orientan en su compromiso en la lucha contra el sexismo.

Ante una creciente opinión pública que cuestiona su voluntad de cambiar el ambiente masculino de los círculos de poder de Canberra, Morrison se presentó como un defensor de la igualdad de género. 

"Quiero que las mujeres tengan las mismas oportunidades, la misma voz y la misma seguridad que los hombres en este país", dijo el mandatario quien se niega a crear una investigación parlamentaria sobre la violencia contra las mujeres en el Parlamento.

Pero una vez terminó su discurso, el tono cambió rápidamente. Molesto por la pregunta de un periodista sobre su inacción en este asunto, Morrison se refirió a un caso de acoso en la redacción donde trabaja el periodista y le aconsejó que tuviera cuidado. "Tiene derecho a criticarnos desde su pedestal, pero tenga cuidado", dijo Morrison. La redacción en cuestión, 'Sky News', negó las acusaciones.

La difusión de vídeos en los que se ve a empleados del Gobierno conservador australiano realizando actos sexuales en el Parlamento, ha generado un gran malestar por el sexismo de la clase política.

Los videos y las fotos, que al parecer se han compartido en un chat grupal entre empleados del Gobierno conservador antes de ser filtrados por un denunciante, fueron revelados por primera vez el lunes por la noche por el periódico 'The Australian' y 'Channel 10'.

El denunciante, identificado solo como Tom, afirmó a los dos medios de comunicación que empleados del Gobierno y diputados usaban a veces la sala de oración del Parlamento para mantener relaciones sexuales y que habían traído a prostitutas al edificio "para el placer de los diputados de la coalición".

También explicó que un grupo de empleados intercambiaba fotos pornográficas de ellos mismos y que él recibió tantas que se había "vuelto inmune".

Habló de una "cultura de hombres que creen que pueden hacer lo que quieren" y aunque estima que los empleados probablemente no hayan violado ninguna ley, "moralmente, están acabados".

La ministra de la Mujer, Marise Payne, quien también es titular de la cartera de Relaciones Exteriores, declaró a los medios de comunicación que las revelaciones son "más que decepcionantes" y refuerzan la necesidad de la investigación ordenada por el gobierno sobre la cultura del lugar del trabajo en el Parlamento.

Muchas voces denuncian la cultura sexista de la clase política australiana, en casos de acoso contra mujeres.

A mediados de marzo, decenas de miles de personas participaron en una campaña de manifestaciones llamada "#March4Justice" (Marcha por la justicia) para denunciar la violencia sexual y exigir la igualdad de género.

La ministra de Industria, Karen Andrews, dijo que estaba "completamente harta" del sexismo y añadió que su "conciencia no le permitía callarse más".

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