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Por RFI

“Un cambio de sistema”, “vencer la pandemia del Covid-19” son algunas de las promesas de los candidatos Pedro Castillo y Keiko Fujimori, quienes cerraron sus campañas proselitistas con miras a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales que disputarán este domingo 6 de junio en el país andino. El presidente que los peruanos elijan se va a encontrar con un país polarizado y casi ingobernable, como lo explicó Guido Lombardi, politólogo y excongresista.  

Las elecciones presidenciales de Perú se encaminan a un ajustado final entre los candidatos Pedro Castillo (izquierda) y Keiko Fujimori (derecha), según auguraron los responsables de las cuatro principales encuestadoras que trabajan en el país. El candidato elegido el domingo no solo deberá tomar medidas urgentes para superar la pandemia de coronavirus y la recesión, sino también encarar la inestabilidad política, un congreso fragmentado, la informalidad laboral, la deficiente gestión pública, la corrupción, y sobre todo la división del pueblo peruano, que independientemente de quien triunfe, será rechazado.

"Perú se juega este domingo mucho, y se lo juega independientemente de quien sea el ganador, porque nos vamos a encontrar el lunes 7 de junio, con un país completamente polarizado y dividido", explicó a RFI el analista político y excongresista, Guido Lombardi. 

La corrupción en todos los niveles del Estado, es un grave problema en Perú. Cuatro expresidentes peruanos, e inclusive, la candidata Keiko Fujimori quedaron bajo la lupa de la fiscalía por el escándalo de los aportes ilegales de la constructora brasileña Odebrecht. 

Sin embargo, la derechista reconoció que hubo corrupción en el gobierno de su padre, Alberto Fujimori (1990-2000), y prometió combatir el flagelo si gana la presidencia. Ella niega los cargos de lavado de dinero que presentó la fiscalía en su contra.

"Creo que un triunfo de la señora Fujimori, demostraría, por un lado, el temor a esta campaña de miedo que se ha dado contra el comunismo, 'que va a estropear hasta los muebles de la casa'. 

Pero, sobre todo, sería premiar la autocracia, la corrupción, y el robo del poder que se produjo durante el gobierno de Fujimori, y que se produjo durante el Gobierno de Kuczynski con la mayoría aplastante que la señora Fujimori tenía en el Congreso", señaló Lombardi, y afirmó que "un triunfo de la señora Fujimori, significa que su elección en la presidencia la protegerá con un manto de todos los sucesos de corrupción, y de todos los casos abiertos por lavado de activos, narcotráfico, y demás causas que hay contra ella".

Si la candidata derechista pierde el balotaje, será llevada a juicio, pero si gana tendrá inmunidad. "Creo que los poderes fácticos van a jugar y están jugando ya a favor de la señora Fujimori, y tratarán por todos los medios de impedir, en caso de un triunfo de Castillo, que este asuma la presidencia", reconoció Lombardi.

La brecha del pueblo peruano

Por un lado, el candidato izquierdista Pedro Castillo, con un discurso de cambio, y con una afirmación de que el fujimorismo es "sinónimo de corrupción", ha ganado respaldo, especialmente entre los sectores populares. "Mi voto sería de preferencia para Castillo. 

La oportunidad de trabajo no se los da y los sueldos miserables tampoco", dijo desde Perú, Jorge, obrero de construcción. Camilo, un estudiante peruano, también respalda a la izquierda: "voto por Pedro Castillo porque creo que tiene que haber una igualdad en los temas de salud y educación", afirmó el joven.

Y aunque el Fujimorismo esté descreditado por su autoritarismo, y larga relación con la corrupción, la derecha pide el voto por Keiko Fujimori como 'el mal menor', apelando su temor a la izquierda de la que argumentan podría implantar una dictadura comunista, y la acusan de tener vínculos con el derrotado grupo armado 'Sendero luminoso'. El Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, también se ha sumado a esta campaña.

"La verdad Keiko no me gusta, pero mi voto es por ella porque con Castillo tendríamos un Gobierno comunista", comentó Ana, empresaria peruana, quien refleja que la maniobra realizada por la derecha ha calado una parte de la población. "Por Keiko puedo votar. Castillo no me trae ninguna garantía porque es además nuevo, y rodeado con terroristas de Estado", sostuvo Cesar, empleado de una tienda en Lima. 

Y si bien la brecha en la ideología política es grande, el próximo lunes 7 de junio, gane la derecha o la izquierda, la única cosa cierta es que el contiguo presidente peruano se va a encontrar con un país "polarizado, dividido, enfrentado y casi ingobernable", así lo afirmó el excongresista Guido Lombardi.

La economía peruana, que se hundió 11,12% en 2020 por la pandemia, sigue dependiendo de la minería para crecer, sin embargo, los conflictos en este sector representan el 41% del total de los enfrentamientos sociales, según la Defensoría del Pueblo (ombudsman). El país también acumula distorsiones por la informalidad laboral, la corrupción y las instituciones débiles.

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