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En un rincón de Kinshasa, en un entorno verde y tranquilo, una estatua del ex rey de los belgas Leopoldo II domina el río Congo, a salvo de la ola de destrucción de los símbolos coloniales en Occidente.

El monumento a la memoria del monarca belga, que hizo del Congo su propiedad personal entre 1885 y 1908, se encuentra junto a la de su sucesor, Alberto I, y el fundador de Leopoldville (actual Kinshasa), el explorador británico Henry Stanley.

Las figuras de este trío de la historia colonial están protegidas de la agitación urbana detrás de las altas puertas del parque presidencial Mont-Ngaliema, un mirador natural con vistas panorámicas del río entre "Kin" y Brazzaville.

Abierto al público, bajo la guardia de los militares, el parque también alberga un Museo Etnográfico Nacional y las estelas abandonadas de un cementerio de "constructores pioneros del Congo Belga".

El museo está cerrado por el coronavirus. Los escasos agentes presentes en el lugar el miércoles apenas han oído hablar de las manifestaciones contra las efigies de Leopoldo II en Bélgica.

Una estatua fue derribada en Amberes y un busto fue cubierto de pintura roja, cerca de Bruselas.

Para los autores de estos actos, Leopoldo II encarna la violencia del sistema colonial en el Congo (donde el soberano nunca puso los pies): trabajos forzados, castigos corporales y manos cortadas.

"Mató a más de 10 millones de congoleños", acusó al grupo belga "Reparemos la historia".

Apoyadas por el movimiento antirracista planetario "Black Lives Matter", otras acciones tuvieron como objetivo la estatua de un comerciante de esclavos en Gran Bretaña y de Cristóbal Colón en Estados Unidos.

Pero nada de esto ha ocurrido en Kinshasa, donde se aproxima 60 aniversario de la independencia del ex Congo belga, ocurrida el 30 de junio de 1960.

"Para nosotros, la estatua de Leopoldo II refleja una historia, un recuerdo. Es una referencia para nuestros hijos", señala José Batekele, director de colección del Museo Nacional.

"Si en Bélgica consideran que deben destruir los monumentos, porque hay una fuerte diáspora africana, tomamos nota de ello. Es un asunto interno belga que no nos concierne directamente", afirma por su parte el historiador Isidore Ndaywel, contactado por teléfono.

"En el Congo, tenemos nuestras prioridades, que son diferentes en este momento", agrega esta respetada voz de la sociedad civil, que cita los asesinatos en el este y la corrupción.