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Sentado junto a la tumba de su mujer, Mushir recuerda cómo tres hospitales de Saná rechazaron tratarla, a pesar de su avanzado embarazo, ante el temor de que fuera portadora del coronavirus puesto que tenía dificultades respiratorias.

Belkis, y su bebé aún en el útero, fallecieron en otro hospital de la capital, en manos de los insurgentes hutíes, en un país devastado tras más de seis años de guerra. Dejó a su esposo y a un hijo pequeño.

Pero, en este nosocomio, "el ginecólogo y el anestesista se negaron a operarla, lo que podría haberla salvado a ella y al bebé por temor a que pudiera estar infectada por covid", declaró a la AFP Mushir Farhan.

Ya con nueve meses de embarazo, "solamente necesitaba un intervención rápida que la ayudara a respirar, y así salvarla a ella y a nuestro bebé", señaló este empleado de una empresa de seguridad, de 35 años.

El destino fatal de Belkis ilustra de manera trágica los miedos vinculados a esta enfermedad, inclusive entre los médicos de esta ciudad.

Además de falta de capacitación para asistir a los pacientes con covid-19, los hospitales carecen de equipos imprescindibles, sobre todo oxígeno, y con frecuencia sufren cortes de energía eléctrica.

Los insurgentes, apoyados por Irán, tomaron la capital en 2014 y controlan gran parte del norte del país. Estos no brindan información sobre la pandemia.

Pero, las muertes por covid-19 son cada vez más frecuentes tanto en Saná como en el sur, bajo control gubernamental con apoyo de Arabia Saudita.

"Ni cifras ni información" 

Según Mushir, su mujer, cuyo test fue negativo por covid-19, falleció porque el personal médico tardó en admitirla. Era demasiado tarde cuando llegamos al cuarto hospital.

"Entró en la sala de atención médica, fui a comprar un medicamento y cuando regresé la encontré ya sin vida", recuerda.

La pandemia ha profundizado la crisis humanitaria en Yemen, donde el conflicto ya ha provocado decenas de miles de muertes, según las ONG, y ha hecho desplazarse a millones de personas, en tanto gran parte de la población se encuentra al borde de la hambruna.

Más de dos tercios de sus 30 millones de habitantes dependen de la ayuda internacional, la economía del país se ha derrumbado y sus infraestructuras se han destruido en gran parte.

Yemen está atravesando la peor la crisis humanitaria del mundo en la actualidad, de acuerdo a la ONU.

En Saná, con sus animados mercados y mezquitas abarrotadas de fieles en el mes de ayuno del Ramadán, no se impuso ninguna medida sanitaria y el uso de mascarillas es poco común.

"No hay cifras, ni información oficial. Y, los resultados de los tests no se publican", señaló a la AFP un trabajador humanitario, bajo condición del anonimato.

Las autoridades sanitarias hutíes no respondieron a las solicitudes de AFP.

"Rumores y estigmatización" 

Una fuente humanitaria señaló que los casos recrudecieron en la capital desde mediados de marzo, donde la "capacidad de hacer pruebas es muy baja".

"Los hospitales públicos están casi saturados. En las clínicas privadas la situación no está clara", precisa la fuente, añadiendo que algunos enfermos intentan tratarse en sus hogares.

"La gente duda en ir a los hospitales con síntomas de tipo covid-19 por temor a ser estigmatizada. Algunos temen no ser tratados. Tienen miedo a los rumores y no confían en el sistema sanitario", agrega.

Yemen ha dado un balance de 6.000 casos y 1.175 muertes, pero la realidad puede ser mucho peor.

Ha recibido vacunas del sistema internacional Covax. Llegaron 360.000 dosis de la de AstraZeneca a zona bajo control gubernamental. A las zonas rebeldes, la OMS envió unas 10.000 dosis.

"Pero, se usarán para vacunar a los responsables hutíes y no al personal médico", afirma Ishraq al Sibai, vocera de un organismo yemení de lucha contra el coronavirus.


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