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España, uno de los países más golpeados por el coronavirus, mantiene "congelada" desde hace días su cifra de fallecidos, generando incertidumbre sobre el estado real de una epidemia que dejó más de 27.000 decesos oficiales.

El propio Fernando Simón, el experto que todos los días explica al país la evolución de la pandemia, reconoció el "estupor" y "la confusión" que generan los boletines del Ministerio de Sanidad desde que el 25 de mayo cambiara la metodología de las estadísticas sobre nuevos casos y fallecidos.

Hasta ese momento, con la pandemia en franca remisión, Sanidad informaba de entre 50 y 100 nuevos fallecidos diarios. Pero desde entonces la cifra cayó a menos de 5 al día e incluso ninguno durante varias jornadas.

Una situación que llevó al presidente del gobierno, el socialista Pedro Sánchez, a congratularse en el Congreso de tener "cero fallecidos", pero también dio munición a la oposición de derecha y extrema derecha, que acusan al ejecutivo de ocultar la cifra real de fallecidos.

El "peligro mayor es comunicar y transmitir esta idea de que la epidemia se ha acabado, porque el virus está presente en nuestro país, aunque a niveles más bajos", advirtió a la AFP Salvador Macip, profesor de Ciencias de la Salud de la Universidad Abierta de Cataluña.

"Fuente de desinformación" 

Simón, director del centro de emergencias sanitarias del Ministerio de Sanidad, ha explicado que el nuevo sistema permite detectar y aislar más rápidamente los rebrotes, ya que las regiones, que son las que suministran los datos que compila el gobierno, deben enviar los casos individualizados y no agregados como antes.

Pero el experto reconoció la semana pasada que el total de muertos había quedado "congelado" ante "discrepancias" en los números, que a su juicio se deben a retrasos en los partes de algunas regiones.

Desde el 7 de junio, la cifra de decesos se mantiene invariable en 27.136, mientras "las comunidades autónomas revisan la información de los fallecidos (...) y son capaces de ponerle fecha de defunción a todos ellos para poder dar una serie más sólida", señaló Simón.

Pero algunas regiones se han defendido y dicen que sí aportan los datos pero estos no se reflejan en los balances, como el caso de Andalucía, cuyo encargado de Salud, Jesús Aguirre, calificó en días recientes de "falta de respeto total hacia los fallecidos" que "el gobierno central ponga unas cifras menores" que las ofrecidas por la región sureña.

Un problema del nuevo sistema es que pone un "énfasis excesivo en reportar datos del día anterior", por lo que si estos llegan de las regiones después de la hora de corte, no se añaden al total, explica Kiko Llaneras, analista de datos del diario El País.

Esto ha devenido en "una fuente de desinformación grande" y "en términos de comunicación ha emborronado todo el debate", señala Llaneras.

Exceso de mortalidad

La situación se enturbió aún más luego de que en días pasados tanto el Instituto Nacional de Estadística como el Instituto de Salud Carlos III reportaran entre 43.000 y 44.000 fallecidos por encima de la media en los últimos meses en España.

Un "exceso de mortalidad" que para la oposición demostró que el gobierno rebaja los datos.

El gobierno lo rechaza, y afirma que esas cifras incluyen personas que no murieron por Covid-19 o que eran sospechosas pero no se les realizó una prueba PCR, que al principio del brote escaseaban en España y son un requisito indispensable para que un caso se añada al conteo oficial.

"Es normal que la cifra de muertos no coincida con el exceso de mortalidad", afirma Ildefonso Hernández, portavoz de la Sociedad Española de Salud Pública, explicando que eso ocurre también en temporadas de gripe regular o durante olas de calor.

"Mi resumen hoy es: ¿El gobierno oculta los muertos debajo de la alfombra? No ¿El gobierno comunica con claridad? Tampoco", zanja Llaneras.

"Una de las cuestiones de fondo es que la gestión de información y comunicación de los datos en la epidemia no ha sido suficientemente clara", agrega el experto en datos.