Escucha esta nota aquí

Centenares de estudiantes marcharon por las calles de Minsk este martes, día de inicio del año académico, denunciando el poder autoritario del presidente Alexandre Lukashenko, confrontado desde hace casi un mes a protestas inéditas contra su reelección considerada fraudulenta.

Al menos unos veinte jóvenes, de acuerdo con periodistas de la AFP y medios de comunicación locales y rusos, fueron detenidos por la policía antidisturbios.

Lukashenko, de 66 años, de los cuales 26 ha estado al frente de Bielorrusia, se niega a dialogar con sus opositores, a pesar de las protestas casi cotidianas que denuncian las polémicas elecciones presidenciales del pasado 9 de agosto. 

Hasta ahora, solamente ha mencionado la vaga idea de una revisión constitucional en tanto continúa la represión, jactándose del apoyo de Rusia.

Este desfile, organizado el 1 de septiembre, día tradicional de regreso a clases en toda la ex URSS, reunió a estudiantes de distintas universidades de Minsk, enarbolando la bandera roja y blanca de la oposición. 

La policía antidisturbios detuvo a una decena de jóvenes en momentos en que intentaban formar una cadena humana en pleno centro de la capital de la ex república soviética, frente al edificio del KGB (servicios de inteligencia).

"Fascistas", "Esta es nuestra ciudad", "Creemos, podemos, llegaremos", coreaban los estudiantes, según videos difundidos en las redes sociales.

La juventud bielorrusa constituye uno de los pilares de la movilización contra Lukashenko, presente masivamente en manifestaciones como la del domingo que concentró  a decenas de miles de personas por tercer fin de semana consecutivo. 

Lukashenko hasta ahora solamente ha propuesto un vago proyecto de reforma constitucional para intentar salir de la crisis, en tanto califica a los manifestantes de "ratas".

Ha hecho referencia a la revisión de la Ley fundamental en varias oportunidades sin detallarla, rechazada por la principal figura opositora, Svetlana Tijanóvskaya, refugiada en Lituania. 

"Lukashenko intenta retrasar su partida mencionando una reforma constitucional incomprensible, y sin un calendario definido", señaló.

 - Apoyo ruso -

En cambio, el jefe de la diplomacia rusa, Serguéi Lavrov, ha considerado que la idea de una reforma constitucional es un marco adecuado para "organizar un diálogo con la sociedad civil". 

El líder bielorruso cuenta con el apoyo de Moscú, su principal aliado y socio económico, aunque hasta hace poco lo acusó de querer hacer de su país un vasallo.

Este martes, inclusive afirmó que los pueblos ruso y bielorruso tienen una sola y misma "patria común", para luego acusar a la oposición de querer "destrozar" al país que él mismo "esculpió a partir de las ruinas del imperio" soviético. 

Moscú, por su parte, denunció las sanciones "inaceptables" decretadas por Lituania, Estonia y Letonia contra Lukashenko y 29 altos funcionarios bielorrusos.

La UE también considera imponer prohibiciones de entrada y bloqueo de activos para éstos, pero este listado requiere la aprobación de los 27 Estados miembros. 

Sin embargo, no hay unanimidad, dado que algunos países consideran que esta iniciativa podría obstaculizar los esfuerzos para poner fin a la represión y lograr que se abra un diálogo. 

En las últimas semanas, las autoridades bielorrusas han multiplicado las detenciones de políticos, huelguistas y periodistas. Sin embargo, ya no reprimen violentamente las protestas como en los primeros días de manifestaciones, en que hubo tres muertos y decenas de heridos. 

La oposición exhortó este martes a los representantes del Estado a poner fin a los juicios y amenazas contra el consejo de coordinación, que creó para promover una transición del poder. Varios de sus integrantes han sido citados por investigadores, algunos detenidos o condenados a breves penas de prisión. 

"Lo que está ocurriendo en Bielorrusia (...) se debe al rechazo de una persona que perdió las elecciones a reconocer la voluntad del pueblo y abandonar su cargo", abogó el equipo de campaña de Tijanóvskaya.