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El peronista moderado, Alberto Fernández, se impuso en las ur­nas al presidente Mauricio Macri, quien recibió un fuerte voto casti­go por las políticas de ajuste que no lograron resolver la profunda crisis económica de Argentina. 

Fernández logró el 47,35% de los votos frente al 41,42% de Macri, mientras que Roberto Lavagna logró un 6,13% de los sufragios.

El vencedor, quien gobernará junto a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), prometió dejar atrás la po­larización y “trabajar todos juntos por un país mejor”.“

Se terminaron el ‘nosotros’ y el ‘ellos’”, aseguró Fernández en referencia a la feroz división polí­tica entre peronistas y seguidores del liberal Macri, quien busca la reelección.

“Estamos en una crisis enorme, todos tenemos que tener mucha responsabilidad por lo que viene. 

Ese es el esfuerzo de todos”, insistió Fernández.

A su llegada al centro electoral, Fernández fue recibido con pétalos de rosa que le lanzaron partidarios y se tomó selfis con votantes.

Fernández evocó al expresi­dente Néstor Kirchner (2003-2007), del que fue jefe de gabine­te y de quien ayer se cumplieron nueve años de su muerte.

“Siento que Dios existe y Dios ha decidido que justo el día en que se fue Néstor estén votando los argentinos”, dijo.

Peronista moderado

De bajo perfil y alejado desde hace años de la política activa, Alberto Fernández resultó la sorpresa de la campaña electoral argentina. 

Pe­ronista moderado y pragmático, llega a la Presidencia impulsado por Cristina Fernández, su com­pañera de fórmula, pero marcando diferencias con la exmandataria de centro-izquierda y muy cuestiona­da por hechos de corrupción.

Abogado de 60 años, Fernández llegó a las elecciones de ayer como claro favorito, luego de que, en las primarias de agosto, apoyado por una oposición peronista unificada, arrasó con el 48% de los votos.

Un resultado sorprendente para al­guien que solo en una ocasión an­terior había acudido a una elección popular, en 2000, en las legislativas de la ciudad de Buenos Aires.

Su desempeño más destacado fue como jefe de gabinete del falle­cido Néstor Kirchner (2003-2007) y también de Cristina, en 2008, con quien rompió al cabo del primer año de Gobierno, con declaracio­nes hirientes, en medio del enfren­tamiento de la expresidenta con los propietarios del campo y de los grandes medios de comunicación.

Ese episodio aparece ahora co­mo una muestra de independencia ante quienes piensan que puede convertirse en un mero títere de la expresidenta.

“Fernández se le paró a Cristina Kirchner en 2008 y le renunció.

Ella no lo pudo controlar entonces, mu­cho menos podrá ahora” desde la Vicepresidencia, en caso de que su fórmula resulte victoriosa, conside­ró el analista Raúl Aragón.

El diputado Daniel Filmus, que fue ministro de Educación con Néstor Kirchner, lo destaca como una persona con la que se puede “charlar, distenderse, conversar muchos temas”.

“Es un hombre que en diversas circunstancias mostró la capacidad de articular a actores muy diversos y de muy distintas ideas para con­certar políticas de mediano y largo plazo”, indicó Filmus.

Sus críticos lo consideran cama­leónico por haber acompañado a sectores ultraliberales, como el de Domingo Cavallo, y a populistas de izquierda, como los Kirchner.

En su defensa, Fernández ha dicho que se siente “un liberal de izquierda, un liberal progresista”. 

“Creo en las libertades indivi­duales y creo que el Estado tiene que estar presente para lo que el mercado requiera. Y soy un pero­nista. 

Estoy inaugurando la rama del liberalismo progresista pero­nista”, aseguró.

En las últimas semanas, Alber­to Fernández visitó a los líderes de la izquierda latinoamericana, el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva (en prisión), el uruguayo José ‘Pepe’ Mujica y el boliviano Juan Evo Morales.

Mercados nerviosos

 En el último tramo de campaña, Fernández se ha esforzado por tranquilizar a los mercados, ner­viosos por la aguda crisis econó­mica que atraviesa el país. 

Aunque crítico con el Fondo Mo­netario Internacional, que en 2018 concedió un auxilio por 57.000 millones de dólares a Argentina, ha descartado un cese de pagos como el de 2001. También ha querido llevar calma a los argentinos.

“Vamos a cuidar sus ahorros, vamos a respetar sus depósitos en dólares. 

No tienen por qué estar nerviosos”, declaró. Entre sus declaraciones más polémicas, cuestionó las cau­sas judiciales contra Kirchner y sostuvo que “la justicia no está funcionando bien.

Por lo tanto, tenemos que revisar entre todos una alternativa”.

“Esto no quiere decir avasallar su independencia, pero les voy a exigir a los jueces que actúen dig­namente”, aseveró. Cristina Fernández, senadora desde 2017 y por ello con fueros parlamentarios, es indagada en va­rias causas por presunta corrupción y hay en curso un juicio oral en su contra.

 También provocó contro­versia su posición sobre Venezue­la, luego de que dijo que en ese país no hay una dictadura, aunque sí un “gobierno autoritario”.

Votaron en Santa Cruz pese al paro

Desde tempranas horas cientos de argentinos se apostaron en las afueras del edificio del Banco de la Nación Argentina, donde también funciona el consulado del vecino país, a la espera de poder emitir su voto para elegir al próximo presidente y vicepresidente argentino, además de renovar parcialmente la composición del congreso, don­de se ponen en juego 20 escaños de la Cámara de Senadores y 130 en la de Diputados.

 La mayoría de los residentes argentinos llegaron a pie o en bicicletas, y en algunos casos, en vehículo, especialmente las per­sonas mayores o los que tienen alguna discapacidad, quienes afir­maron que tuvieron que sortear los bloqueos por el quinto día de paro que se lleva a cabo en Santa Cruz, pero que valió la pena, por­que apoyan la medida encabezada por el Comité pro Santa Cruz.

De acuerdo con el cónsul argen­tino, Roberto Dupuy, cerca de 2.500 son los argentinos registrados en el padrón y hasta pasado el mediodía, más de 300 ciudadanos residentes habían emitido su voto, lo cual causó sorpresa, dado que en las primarias apenas llegaron 140 personas a sufragar. 

Pidió comprensión con la gente que debió esperar por más de dos horas para votar, puesto que solo tienen una mesa de sufragio, por lo que el proceso se hizo un poco lento. (Alicia Bress)