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El candidato socioliberal a la Presidencia de Francia, Emmanuel Macron, cerró anoche y con tendencia ascendente la campaña frente a su rival, la ultraderechista Marine Le Pen, que parece haber entrado en una espiral negativa. Hoy rige el silencio electoral y es un periodo de reflexión previo a la votación crucial de mañana.

No solo los sondeos parecen dar por segura la victoria del exministro de Economía, sobre todo tras el debate televisado del pasado miércoles, sino que, además, Macron ve cómo Le Pen no ha conseguido capitalizar las dudas que generaba su programa. Los sondeos publicados ayer, último día en que la ley permite hacerlo, muestran que el debate ha dado un duro golpe a la aspirante ultraderechista y ha consagrado la ventaja amplia que desde la primera vuelta electoral auguraban a Macron.

La diferencia de 24 puntos entre ambos aparece como un abismo que ha llegado, incluso, a agrietar la roca que parecía ser la extrema derecha francesa en torno a su campeona.

Pese a todo, hay ganancia
Primero fue su padre y mentor, Jean-Marie Le Pen, quien aseguró que la candidata no había estado a la altura durante el cara a cara y poco después su sobrina Marion Maréchal-Le Pen afirmó que, tras aquel duelo televisado, "si obtiene un 40 %" de los votos en la segunda vuelta, "ya sería una victoria".
La aspirante de la extrema derecha ha visto cómo la buena estrella con la que afrontó la campaña se ha ido fundiendo.

 Favorita para imponerse en la primera vuelta de abril desde inicios de año, sus intenciones de voto se fueron cayendo.  

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