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Más de 40 migrantes murieron en un bombardeo contra un centro de detención en la periferia de Trípoli, un ataque atribuido a las fuerzas del mariscal rebelde Jalifa Haftar y que suscitó duras condenas internacionales. El Consejo de Seguridad de la ONU celebró ayer -a petición de Perú que ejerce su presidencia en julio- una reunión de urgencia a puerta cerrada a partir de las 15:00 locales (19:00 GMT) para discutir el ataque.

Es la segunda vez que este centro de migrantes de Tajura, donde se hacinan más de 600 personas, es alcanzado desde que Jalifa Haftar, el caudillo del este del país, lanzó una ofensiva en abril para controlar la capital.

Ayer, las fuerzas de Haftar negaron haber bombardeado un centro para migrantes.

“Las fuerzas armadas (pro Haftar) niegan ser responsables del ataque contra el centro de migrantes en Tajura”, situado al este de Trípoli, declaró su portavoz, Ahmad al Mesmari.

En el edificio nº3, la explosión dejó un cráter de tres metros de diámetro y un metro de profundidad. Alrededor se mezclan pedazos de chatarra, esquirlas, ropas, zapatos, colchones y mantas manchadas de sangre.

Los supervivientes, visiblemente conmocionados horas después del bombardeo, ahora prefieren permanecer en el exterior de los hangares a pesar del sol abrasador.

“Todo a mi alrededor era una masacre”. Desde su cama del hospital de Trípoli, Al Mahdi asegura que escapó “de milagro” a la muerte, al día siguiente del bombardeo aéreo contra este hangar donde estaba detenido junto a otros 120 migrantes.

“Había cadáveres, sangre y pedazos de carne por todos lados”, describió ayer este marroquí de 26 años que resultó herido.

Al Mahdi Hafyan explica que un pedazo metálico del techo le atravesó el muslo derecho.

“Hemos tenido suerte. Estábamos al fondo del hangar”, añade a su lado un compatriota que salió ileso. “No es la mía”, dice a propósito de la sangre que mancha su camiseta.

Después del horror que vivieron, los dos hombres, llegados juntos a Libia para intentar atravesar el Mediterráneo hacia Europa, están preocupados por cómo salir del hospital para que no les vuelvan a detener.

“Queremos salir de aquí (del hospital), si no van a detenernos de nuevo. Queremos volver a nuestra casa”, insiste Al Mahdi Hafyan, que afirma que fue retenido tres meses en el centro para migrantes de Tajura, cerca de la capital Trípoli.

Crímenes de guerra

El ataque “podría claramente constituir un crimen de guerra”, advirtió el enviado de la ONU en Libia, Ghassan Salamé.

“Mató (...) a gente inocente obligada a estar en este refugio por sus espantosas condiciones de vida”, agregó, en un comunicado.

Según un comunicado de la Misión de apoyo de la ONU a Libia (Manul), en el que estaba citado Ghassan Salamé, el balance es de “al menos 44 migrantes” muertos y más de “130 heridos graves”.

El enviado de la ONU hizo un llamamiento a la comunidad internacional para “condenar este crimen e imponer sanciones apropiadas a los autores de esta operación en flagrante violación” de los derechos humanos.

El Gobierno de Unidad Nacional (GNA), basado en Trípoli y reconocido por la ONU, denunció lo que calificó como “un crimen odioso” y lo atribuyó “al criminal de guerra Jalifa Haftar”.

La Unión Europea (UE) pidió una investigación inmediata sobre el ataque contra un centro de detención de refugiados en Trípoli.  “La UE se suma al llamado para que Naciones Unidas lleve a cabo una investigación inmediata sobre quienes perpetraron este horrible ataque”, urgió la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini.

Por su parte, el Gobierno del Reino Unido condenó el brutal ataque terrorista ocurrido en Trípoli.

Finalmente, el Consejo de Seguridad de la ONU no alcanzó un acuerdo para condenar el ataque contra un centro de detención de migrantes en Libia luego que Estados Unidos decidiera no apoyar la declaración.

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