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Por RFI

Fruzsina Balogh perdió a un ser querido por el covid-19. Ahora recorre Hungría para facilitar el acceso a las vacunas a los gitanos, vulnerables a las teorías del complot y grandes olvidados en la campaña de inmunización del gobierno.

"No intentamos convencerles, nos limitamos a darles información", declaró a la AFP esta joven activista, que participa en una operación para ayudar a las comunidades más aisladas.

En un barrio desfavorecido de Kistarcsa, una pequeña localidad situada al noreste de Budapest, explica los procedimientos a una familia.

Apoyada en los codos sobre una mesa colocada en un patio, frente a un edificio en ruinas, Adrienn Tejfel, de 36 años, rellena los documentos que permitirán a las oenegés crear una dirección de correo electrónico para inscribirlos en la base de datos oficial.

Como a muchos otros, le gustaría "vacunarse para llevar a sus hijos a comer un helado".

También facilitaría su vuelta al trabajo y le daría una sensación de libertad, cuenta la mujer, en este país de Europa central de 9,8 millones de habitantes que pone en marcha un sistema de "pase sanitario", como el resto del continente.

   - 'Tenemos que hacerlo todo' -

Casi cinco millones de personas ya han recibido una primera dosis: el país dirigido por Viktor Orban está a la vanguardia en este ámbito, usando sobre todo vacunas rusas y chinas.

Las restricciones van desapareciendo progresivamente, pero a veces incluso para ir a trabajar se necesita el pase de inmunización.

El país se vacuna a marchas forzadas, pero las autoridades sanitarias dejan al margen a los gitanos, lamenta Jozsef Radics, uno de los organizadores de la iniciativa "Vacunas para la vida".

El gobierno no ha respondido a las preguntas de la AFP sobre si cuenta con un plan para ayudar a esta minoría a acceder a las vacunas anticovid-19 y superar el impacto económico de los confinamientos.

Alrededor del 7% de los habitantes son gitanos y, aunque no existen estadísticas étnicas, Jozsef Radics cree que sufren discriminación porque son pobres y debido al racismo.

"Nadie se ocupa de nosotros, somos nosotros los que tenemos que hacerlo todo", afirmó.

    - Rumores antivacunas -

"No tener acceso a internet es estar muy expuesto al virus", recuerda.

Hungría es uno de los países muy afectados por la pandemia, con 305 muertes por cada 100.000 habitantes.

Muchos gitanos viven en 1.300 guetos situados en las afueras de los municipios, como en el caso de Kistarcsa, donde el agua corriente escasea.

Junto con su equipo, Radics logró acceder a 13.500 de ellos. Y en cada localidad por la que pasa intenta encontrar a personalidades locales que sigan con la labor.

Pero con frecuencia las barreras son mentales. La información falsa sobre efectos secundarios o eficacia es tan viral como la enfermedad.

Entre esta comunidad corre el rumor de que la inyección provoca un lavado de cerebro y que las personas vacunadas se convierten en "esclavos" del sistema.

Tanto aquí como en otros lugares están convencidos de que el multimillonario estadounidense Bill Gates está aprovechando la ocasión para implantar chips en los cerebros.

      - Raperos y cantantes en refuerzo -

Para combatir mejor la desinformación, los activistas cuentan con la ayuda de unos videos muy útiles.

Estos videos difundidos en las redes sociales han sido grabados por famosos respetados entre los gitanos, como raperos seguidos por los jóvenes o cantantes con éxito entre las abuelas.

"La campaña del gobierno solo representa a caras blancas" y los gitanos no se sienten identificados con ella, recalca Jozsef Radics. "Con estas pequeñas películas intentamos contrarrestar a los antivacunas".

Fruzsina Balogh ha visto que en los pueblos donde ha habido muertos "la voluntad de vacunarse parece mucho más fuerte".

"Muchas familias con tres o cuatro hijos viven en refugios exiguos. Si alguien está infectado, no es posible aislarlo y todos se enferman", explica.

  

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