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Tras 12 días de conflicto, el movimiento indígena doblegó al presidente ecuatoriano, Lenín Moreno, y le obligó a derogar el polémico decreto 883 que elevaba el precio de los combustibles, poniéndole a él y a Ecuador entre la espada y la pared frente al Fondo Monetario Internacional (FMI) que impulsó el ajuste para enfrentar el abultado déficit fiscal.

Lenín Moreno anunció horas antes que a lo largo de la jornada derogaría el decreto 883, detonante de las protestas de los últimos once días. “Hemos hecho una elección por la paz. Se expedirá un nuevo decreto que nos asegure que los recursos lleguen a quienes realmente los necesitan”, escribió el gobernante en su cuenta de Twitter.

El mensaje lo colgó horas después de haber alcanzado un acuerdo con los dirigentes indígenas para revisar una decisión que respondía a las demandas de austeridad del FMI y otras entidades a cambio de una línea de crédito por más de 10.000 millones de dólares.

La normativa pasará a la historia para muchos ecuatorianos como aquella que condujo a la peor ola de violencia social en los últimos años, una situación que, para muchos pudo preveerse y evitar el colapso de toda la institucionalidad y el aparato productivo. El saldo de la protesta es de 7 muertos, 1.340 heridos y 1.152 detenidos.

Anoche, el presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (Conaie), Jaime Vargas, anunció que ha sido derogado el decreto del Gobierno que eliminaba el subsidio a los combustibles y que encendió las protestas.

“Hemos logrado compañeros y compañeras, (lo) hemos derogado juntos, con la lucha se ha derogado el decreto 883”, anunciaba Vargas en una rueda de prensa convocada por la directiva de la Confederación en el Ágora de la Casa de la Cultura de Quito, convertida en bastión del movimiento en la última semana.

Vargas tuvo palabras de agradecimiento por haber apoyado “la lucha” al movimiento indígena, a los vecinos de Quito, medios de comunicación, así como a jóvenes y voluntarios de brigadas de diferentes universidades de la urbe y Cruz Roja.

“Hemos liberado el país”, manifestó el dirigente y avanzó que la nueva disposición del Gobierno podría entrar en vigor entre hoy y mañana martes, lo que supondrá la inmediata “normalización de todas las tarifas de gasolina, diesel y pasajes”, además de los precios de los productos de primera necesidad.

El responsable de Conaie, que el domingo estuvo reunido durante alrededor de cinco horas con otros dirigentes con el presidente, Lenín Moreno, y varios de sus ministros, expresó su agradecimiento a los líderes de las bases.

“La lucha no es solamente para los indígenas, sino para todos los ecuatorianos y ecuatorianas”, remarcó al tiempo que reivindicó que en su movimiento “hemos perdido el miedo, ya no somos esos indígenas que nos dejábamos humillar”.

Dos renuncias

Al igual que hiciera el domingo en el diálogo con el Ejecutivo y bajo mediación de la ONU y la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, para llegar a un compromiso, Vargas insistió en que los titulares de Defensa, Oswaldo Jarrín, y de Gobierno, María Paula Romo, debían ser cesados.

“Pedimos al señor presidente, aunque recibamos amenazas, que se tienen que ir la señora Romo y el ministro Jarrín”, aseveró.

Concluyó su alocución asegurando que “hoy el gobierno de la Conaie es el gobierno de todo el país, del estado plurinacional”.

Leonidas Iza, dirigente del Movimiento Campesino de Cotopaxi, insistió que las demandas del colectivo “deben cumplirse” a cabalidad sin ceder “ni un milímetro”.

“Todo el país está a la expectativa de que salga ese decreto”, advirtió antes de exigir la renuncia de los dos ministros, lo que consideró “innegociable”.

Por su parte, la dirigente de la Mujer y Familia de la Conaie, Luisa Lozano, subrayó el papel que han tenido las mujeres indígenas en las protestas de los últimos días.

“Como indígenas, como mujeres del campo y de la ciudad, nos hemos puesto frente a esta lucha exponiendo nuestra vida para defender los derechos colectivos de todos”, aseguró.

Manifestaciones sin freno

Ni el estado de excepción por 30 días pudo frenar a los manifestantes, que ocuparon por un momento el hemiciclo del resguardado Congreso, incendiaron el edificio de la Contraloría y atacaron medios de comunicación.

Tras celebrar el domingo por las calles de Quito, algunas aún con barricadas humeantes, los nativos empezaron a regresar a sus comunidades del interior en medio del toque de queda y militarización impuesto el sábado para la capital.

Casi dos semanas duró la eliminación de subsidios a combustibles -aplicados desde hace 40 años- pactados por Ecuador con el FMI para acceder a créditos por 4.200 millones de dólares para aliviar el pesado déficit fiscal.

El nuevo decreto sobre subsidios, que es negociado entre el Ejecutivo y la Conaie, significará que el “ahorro no será tan grande como el que se esperaba” en el marco de ajustes para tratar de evitar un déficit de unos 5.600 millones de dólares en 2019, señaló a la AFP el analista económico Alberto Acosta.

Sectores sociales también se oponen a reformas laborales como recortes de derechos a los empleados públicos con la disminución del tiempo de vacaciones (de 30 a 15 días) y el aporte de un día del salario mensual para el arca estatal.

Las protestas, que incluyeron también incursiones en instalaciones petroleras en la Amazonia, derivaron en una caída de la producción y la suspensión del bombeo por el ducto estatal.

CADENAS HUMANAS SALEN A LAS CALLES CON ESCOBAS Y PALAS PARA LIMPIAR LAS CALLES DE QUITO TRAS LAS PROTESTAS


Con escobas y palas en mano y mascarillas en la boca, miles de ecuatorianos salieron a la calles de Quito para recuperar el aspecto que tenía la capital de Ecuador antes de las protestas que durante once días convirtieron a la ciudad en un escenario de devastación, más típico de una guerra.

Sin esperar a que los servicios públicos de limpieza hicieran la tremenda tarea de recoger los escombros dispersos por el centro de la urbe, los vecinos de Quito protagonizaron una ejemplar y masiva “minga”, como se conoce en los países andinos a la labor comunitaria que se realiza de manera conjunta y gratuita.

En ella estuvieron muchos de los manifestantes que en los días anteriores habían destrozado el mobiliario urbano y que habían dejado patas arriba el centro urbano para protestar contra el polémico decreto del Gobierno que eliminaba los subsidios a los combustibles, que finalmente va a ser derogado.

La mayoría acudió al parque El Arbolito, la “zona cero” de estas protestas, cuyos alrededores eran una maraña de barricadas formadas con adoquines callejeros y cúmulos de cenizas aún humeantes de las fogatas que prendieron durante los disturbios en la zona.

Los primeros en llegar se encontraron allí de todo tirado por el piso, incluso los escudos de cartón con los que se defendían los manifestantes ante la Policía.

“Nos ha conmovido ver mucho los escudos. Ahí está el corazón de Ecuador realmente, en indígenas que se defendían con un escudo de cartón. Ahí se ve que somos gente pacífica y que no buscábamos dañar a nadie”, contó Karina Machado, madre de 39 años con dos hijos.

Mientras unos barrían por una esquina, otros borraban los grafitis de las paredes, se sumaban voluntarios que recogían la basura en sacos, y al mismo tiempo había quienes repartían agua a los denodados voluntarios que desafiaron al intenso sol quiteño para recuperar la normalidad cuanto antes.