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Rodrigo Londoño, jefe de la guerrilla marxista que firmó la paz en Colombia, confesó este martes que llegó a "odiar" a la organización con la que combatió por 40 años, debido a las atrocidades que cometieron los rebeldes en su largo conflicto con el Estado. 

También conocido como Timochenko, Londoño asumió en 2011 el mando de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y fue el último comandante de esa agrupación antes de su desarme. 

Londoño, de 61 años, reiteró el mensaje de perdón y arrepentimiento que el ahora partido político FARC difundió el lunes y admitió que sus hombres secuestraron, reclutaron a la fuerza y obligaron a algunas mujeres a abortar. 

En el proceso de escuchar a las víctimas y reconocer la verdad sobre lo ocurrido ante un tribunal de paz, "se van configurando unas FARC que yo entro a odiar porque no tiene nada que ver con las FARC a las que yo ingresé", dijo a Caracol Radio.

El dirigente, que guió a miles de guerrilleros hacia la paz en 2016, tras cinco décadas de fallida lucha por el poder, aseguró en otras entrevistas que solo cuando llegó al mando comenzó a darse cuenta de la "descomposición" de la lucha rebelde.

La que fuera la organización insurgente más poderosa de América había expresado la víspera su arrepentimiento por el "dolor" que les infligió a las miles de personas que secuestró, en el mensaje más contundente de perdón desde el acuerdo de paz en 2016. 

"Estamos haciendo una reflexión (…) uno va interiorizando eso, porque es difícil cuando uno ha defendido algo tantos años, creyendo en eso y tener que decir que estábamos equivocados, que eso no estaba bien", concedió el dirigente. 

La exguerrilla está respondiendo por delitos atroces ante la justicia especial creada a partir de los acuerdos de paz que permitieron la desmovilización de unos 13.000 rebeldes, incluidos unos 7.000 combatientes. 

Los máximos responsables deben confesar sus crímenes y reparar a las víctimas de su fallida lucha por el poder, a cambio de un castigo alternativo a la cárcel y la posibilidad de ejercer la política. 

- Secuestro, aborto, menores -

Interrogado por el aborto forzado dentro de las filas rebeldes, Timochenko confesó haber negado en un comienzo este delito por considerarlo "propaganda (...) para deslegitimarlos".

Ahora "tengo la certeza de que sí hubo en ciertos sitios, que obligaron a las mujeres a abortar y me parece un crimen (...) que no tiene ninguna justificación", admitió.

Adicionalmente, el exjefe guerrillero reconoció que las FARC reclutaron a adolescentes, pero que esa política vista en "perspectiva" hoy le parece una "equivocación". 

El "ingreso casi que forzoso, casi que a las malas (...) me estoy dando cuenta de que sí se presentó y pues yo lo reconozco", añadió.

En su declaración, Timochenko aseguró sentirse "impactado" por "la generosidad de las víctimas" y destacó que el duro testimonio de Ingrid Betancourt, secuestrada por las FARC, "incidió" en el arrepentimiento.

La colombo-francesa contó el lunes su relato sobre los seis años de cautiverio que pasó en manos de rebeldes, durante una declaración virtual ante la Comisión de la Verdad, de carácter extrajudicial y surgida del histórico acuerdo de paz.

"El secuestro no tiene fecha de vencimiento, no termina el día de la liberación. Es un asesinato porque quien lo padece, incluso si tiene la suerte de ser liberado, cuando sale del cautiverio ya es otra persona", dijo la excandidata presidencial, liberada en una operación militar en 2008. 

Betancourt descartó un encuentro cara a cara con los exguerrilleros hasta que no "vea por parte de ellos una reflexión íntima" sobre el sufrimiento que le causaron.

La justicia de paz investiga más de 20.000 secuestros por parte de los rebeldes que depusieron las armas, el reclutamiento de unos 8.000 menores y otros delitos atroces. 

Aunque el desarme de las FARC alivió la violencia en Colombia, todavía operan grupos armados que se financian del narcotráfico y que en las últimas semanas han desatado una ola de masacres y asesinatos que también cuentan entre sus víctimas a exguerrilleros.