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El jefe del sistema carcelario de Perú renunció al cargo seis semanas después de haber sido nombrado, en medio de motines y una severa crisis por la falta de suministros sanitarios en las prisiones ante la expansión de la pandemia del nuevo coronavirus.

Una resolución del Ministerio de Justicia publicada este miércoles en la gaceta oficial informó sobre la renuncia del jefe del Instituto Nacional Penitenciario (INPE), Gerson Villar, a quien el Gobierno agradeció sus servicios. 

Villar, que había asumido el cargo el 24 de marzo, dimitió en medio de duros cuestionamientos a su labor tras una serie de motines que dejaron nueve muertos entre los presos que exigían medidas sanitarias por temor a contraer el virus.

"El señor Villar asumió el cargo en medio de la pandemia sin precedentes", dijo al canal N de televisión el ministro de Justicia, Fernando Castañeda.

El vicepresidente del INPE, Rafael Castillo, lo reemplazará en el cargo.

El motín más grave ocurrió hace una semana en el penal Miguel Castro Castro, al este de Lima, donde murieron nueve internos y hubo 67 heridos entre presos, guardias penitenciarios y policías.

La críticas aumentaron cuando el programa de televisión Cuarto poder reveló que uno de los presos dado por muerto seguía vivo y encarcelado. El dimitente jefe de prisiones Villar admitió el hecho y señaló que el caso se investigaba para determinar la verdadera identidad del preso fallecido.

Según las autoridades, al menos 30 presos han muerto por Covid-19 y más de 645 se han contagiado en las hacinadas cárceles peruanas. 

La pandemia también afecta a 224 guardias penitenciarios que han dado positivo al virus y ha matado a siete de ellos.
La expansión de la enfermedad en las cárceles ha provocado además que centenares de guardias renuncien por temor a contagiarse.

Según el Ministerio de Justicia hay 97.000 presos en las 68 cárceles del país, lo que representa una sobrepoblación de 50.000 reos.