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Las fuerzas kurdas del norte de Siria resistían ayer ante el ataque terrestre lanzado por Turquía, en el segundo día de una operación militar en esta región que suscita las críticas internacionales y hace temer una nueva crisis humanitaria en este país sumido en la guerra desde 2011.

Los occidentales temen un resurgimiento del grupo yihadista Estado Islámico (EI), cuya derrota en Siria se debe en gran parte a las fuerzas kurdas.

Ayer, el Consejo de Seguridad de la ONU inició una reunión de emergencia.

Más de 60.000 personas han sido desplazadas desde el miércoles por la violencia, huyendo de sectores en la frontera, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos.

Mujeres y niños, cargados con sus pertenencias, llegaron en camionetas a la ciudad de Tall Tamr, más al sur y a salvo de los combates, constató un corresponsal de la AFP.

El objetivo declarado de la operación de Ankara es alejar de la frontera a la principal milicia kurda de Siria, las Unidades de Protección del Pueblo (YPG).

Las YPG, aliadas de los occidentales en la lucha contra el Estado Islámico (EI), son consideradas por Ankara como una organización “terrorista”, debido a sus vínculos con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).

El miércoles por la noche, Turquía lanzó su asalto terrestre y sus fuerzas atravesaron la frontera, concentrando sus operaciones en los sectores limítrofes de Ras al Aín y de Tal Abyad, controlados por las fuerzas kurdas.

El ministerio de Defensa turco afirmó que la operación había sido “llevada a cabo con éxito durante la noche, por aire y por tierra”. Las fuerzas turcas conquistaron siete pueblos cerca de Ras al Aín y de Tal Abyad, de acuerdo con el OSDH, que informó sobre bombardeos aéreos turcos.

Desastre humanitario

Según medios turcos, Ankara busca tomar el control de una franja de territorio entre Ras al Aín y Tal Abyad, de 120 km de largo y unos 30 km de profundidad.

“Violentos enfrentamientos” se sucedían ayer en estas zonas, dijo un responsable de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), alianza de combatientes kurdos y árabes, dominada por las YPG.

Desde el miércoles, al menos 23 combatientes kurdos y 9 civiles murieron por los bombardeos aéreos y disparos de artillería turcos, según el OSDH.

Por su parte, las autoridades turcas dieron cuenta ayer de al menos seis civiles muertos, incluidos un bebé y una niña, y de varios heridos por proyectiles lanzados desde ciudades fronterizas turcas por una milicia kurdo-siria.

Con esta ofensiva, Ankara prevé crear una “zona de seguridad” donde podrán instalarse una parte de los 3,6 millones de refugiados sirios que viven en suelo turco.

Ayer, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan amenazó a Europa con enviar a millones de refugiados en respuesta a las críticas europeas a la operación.

La ofensiva de Turquía, realizada en cooperación con una coalición de exrebeldes financiada y entrenada por Ankara, es la tercera en Siria desde 2016.

Desde 2011, el conflicto en este país ha dejado un triste reguero de 370.000 muertos y millones de desplazados.